Sólo
los que tienen 50 años y counting pueden decir sin mentir: "Yo fui a un Colegio
de Curas”.
Los Frailes y los Hermanos, con votos de castidad, pobreza y obediencia,
profesados solemnemente y para siempre, gobernaban la ciudadela escolar.
Su presencia, seriedad de funcionario, lo llenaba todo: pasillos, aulas, patios
e iglesia, Aula Magna del colegio, sin la cual el centro era un cadáver.
Tiempos de la Gran Disciplina. Disciplina en las filas, en las aulas, disciplina
pedagógica, herencia recibida y no dilapidada, bien guardada en fórmulas
sagradas: “La letra con sangre entra, Spare the rod and spoil the child, le sang
coule, la leçon entre ”.
Grabada en piedra, en el tímpano de una escuela de Roma, se lee esta
advertencia: "Cum Feris FERUS”. Invitación a los maestros a coger el látigo y
convertirse en domadores de fieras.
¿Quién no recuerda un castigo, un par de ostias, una bronca humillante?
¿Te acuerdas del día en que…? Recuerdos para reír, bromear, y, muchas veces,
para agradecer.
Tengo la iglesia abierta por las tardes, antes de la celebración, y hay días en
que entran antiguos alumnos y me dicen: Yo hice aquí mi Primera Comunión o mi
Confirmación o mi boda.
Una tarde entró un señor muy mayor y con mucha serenidad y buen talante me
confesó:”Yo soy ateo gracias a las mil bofetadas y palizas que me atizó el P.
X”, a propósito, no me tocó de cintura para abajo.
Yo nunca recibí ni presencié ningún castigo físico durante mis años escolares.
Sí escuché agresiones verbales, más crueles que cualquier bofetón.
La Religión no es un lujo, no versa sobre lo útil sino sobre lo eterno, lo
perecedero es propiedad de las superficies comerciales. Enseñar la distinción
más importante de cuantas existen, la distinción entre el bien y el mal es su
tarea fundamental.
Los que fueron a un Colegio de curas sabían que estaban en un Colegio de curas,
la cruz en las aulas, las estatuas y cuadros de los Fundadores, las diarias o
semanales visitas a la iglesia, además de su presencia uniformada, recordaban a
padres y alumnos su verdadera identidad, nunca ocultada, sí orgullosamente
profesada. Además de instruir, educaban, sin hacer proselitismo, en los valores
del Evangelio de Jesucristo,servían y edificaban la Iglesia.
La escuela de curas tuvo su cara oculta. Lo sabemos, la prensa nos ha dado la
noticia rebozada con todo tipo de sabores y colores. Nada ni nadie es perfecto.
Gracias a los Colegios de curas algunos permanecen anclados en Jesucristo,
permanecen firmes en la fe, permanecen fieles a la Iglesia, saben que tienen que
confesarse y hasta me sorprenden, saben hacerlo.
Los hijos de los treintañeros de hoy no dicen: “Yo voy a un Colegio de curas”.
Elemental, compadre, es que ya no quedan curas
No sólo no hay curas sino que las comunidades de frailes y de monjas alojadas y
alimentadas en la última planta del Colegio han emigrado sin decir adiós. Sólo
quedan nombres: ursulinas, vedrunas, corazonistas, jesuitas, escolapios…nombres
comunes que por más que los grites el eco no te responde. ¿Y Dios también
emigró?
Identidad robada, asepsia total, Aula Magna cerrada, recinto privado, se alquila
para eventos.
“Los hombres ya sólo encuentran agrado en sí mismos”.
El perfume de la religión, lujo para gente muy mayor o muy importante se ha
evaporado, viva una sana orfandad espiritual.
El perfume de Tik Tok, de las series y del entretenimiento son anestesia para
sobrellevar las turbulencias de este mundo despendolado.
“En aquellos días era rara la Palabra de Dios”. Los alumnos de hoy se contentan
con un autógrafo o un selfi con los dioses baratos, elegantes y nada exigentes
que pululan en el gran teatro del mundo.
La tan pregonada y exaltada tolerancia más que virtud es obstáculo luceferino.
Todo al alcance de un simple click.
El bilingüismo de Calasanz reducido a “Inglés y Letras”.
“Neutrality is an illusion. At the end of his days man always emerges either as
a priest or as a pirate”.