Ayer
las madres zurcían calcetines, tricotaban jerseys, amasaban el pan y echaban
remiendos, escasez feroz, era tiempo de remiendos.
Entrar hoy en las grandes superficies: Mercadona, Whole Foods, Corte Inglés,
Macy’s,obscena abundancia, es ruborizarse y decirse, “cuántas cosas no
necesito”.
En la Iglesia Católica ayer fuimos superricos, Templos llenos de accesorios y de
fieles, bocas y vocaciones incontables, sobreabundancia de sacerdotes listos
para invadir y conquistar el mundo.
De la abundancia hemos pasado a la penuria más miserable. Tiempo de llorar, de
mendigar y de importar.
El Padre Marc Cholin, preocupado por la ausencia de pastores que animen el
pueblo fiel, ha propuesto una solución, REMIENDO Eclesial, que ha hecho las
delicias de los no practicantes, y ha provocado las críticas, la indignación,
los insultos, las risas y los comentarios de cientos de creyentes lectores del
periodico La Croix.
Los VIRI LIBERATI, hombres mayores sin más ataduras que la de sus esposas,
vivirían como San José y María, sin relaciones sexuales, castamente, ordenados
sacerdotes dinamizarían la Iglesia y las iglesias del mundo rural, templos
cerrados, total orfandad.
Este REMIENDO, capar a los hombres para cleriquerizarlos no está en el plan de
Dios, sí en el de los hombres, “pero en el principio no fue así”. ¿Y sus
esposas?
Más fácil, más bíblico, más ecuménico sería activar el sacerdocio común de los
fieles o eliminar el celibato ministerial como lo hacen los curas católicos
maronitas y los reverendos de todas las iglesias cristianas.
En los tiempos de escasez no surgen las modas sino la barbarie.
“The great dream of Judaism is not to raise priests, but a people of priests, to
consecrate all men, not only some men”. A. J. Heschel
Los REMIENDOS eclesiales, por pura necesidad más que por generosidad, se siguen
multiplicando día tras día: Diáconos permanentes, Presidentes de Asamblea,
órdenes menores a las mujeres: ostiariado, lectorado, acolitado, el exorcistado
en desuso, conserjes, administradoras... lo mismo dan la comunión que presiden
funerales, sinodalidad. Festín de la escasez. La escasez works wonders.
Las Órdenes y las Congregaciones religiosas, agonía al ralentí, no son eternas,
“sólo mi Palabra no pasará”, viven consultando la fecha de caducidad.
A pesar del “Morir tenemos” monacal, las personas nos aferramos al Mercadona
farmacéutico para esquivar la Parca y las Instituciones inventan REMIENDOS Y
BUSCAN HEREDEROS.
La Vida Religiosa, masculina y femenina, “los graneros vacíos por falta de
bueyes”, a toda prisa, tejen nuevos REMIENDOS, uniformes tapa agujeros, para no
echar la llave del negocio, obra santa, regalo de Dios al santo Fundador.
REMIENDOS SON las Órdenes Terceras, las Fundaciones, las Fraternidades, los
Círculos, la Misión Compartida...y por encima de todo EL CARISMA NOS UNE.
El Carisma Salesiano, Teresiano, Dehoniano, Escolapio, Mercedario...”aroma,
aura, ser” suspira un profesor en la revista sobre el tema.
“Disfrutamos en un ambiente cálido y acogedor que nos permite recoger fuerzas
para seguir cuidando a los demás en todo lo que esté a nuestro alcance”, escribe
Eva Gurrea.
Calor de estufa. ¡Qué bien! El Carisma nos uniforma, nos calienta y alimenta.
Se me quejaba Carlos, padre de dos alumnos del Colegio de Soria, del uso y abuso
de la palabra Carisma. Cuando mis hijos fueron alumnos de Escolapios todo era
Calasanz, no había otro santo en la corte celestial, nos mudamos a Madrid y todo
fue Pedro Nolasco. Olvidamos el agua de Soria y bebimos el agua de Pedro Nolasco.
El Evangelio de Jesús no es un Carisma más, no es un REMIENDO para cubrir la
humana es la escasez.
Todos, frailes y monjas, quieren “compartir” su misión, su carisma, su negocio,
necesidad más fisiológica que espiritual, más por sobrevivir que por miedo al
fracaso. Tarea necesaria y egoísta.
Los no religiosos, los que no han profesado los votos de castidad, pobreza y
obediencia, los laicos, los barnizados con el “aroma, el aura, el ser” de los
Fundadores.
Compartir, pero ¿con quién? Los laicos ya son dueños del negocio, la misión no
se comparte, se lleva dentro y se vive. Los religiosos en sus cuarteles de
invierno curan sus heridas, se cuentan las viejas batallas, escriben y leen las
crónicas de un pasado glorioso, escriben sus memorias y dejan que los LAICOS
monten su show con la bendición de los CEOs.
“Junto a los canales de Babilonia nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión.
Nos pedían cantos y alegría pero ¿Cómo cantar al Señor en tierra extranjera?”