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¡Qué vienen las Monjas! The Nuns are coming!

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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Tres edificios t e n í a n las parroquias de la Arquidiócesis de Nueva York: la iglesia, templos magníficos levantados céntimo a céntimo salido de los bolsillos de los feligreses; la escuela parroquial, las ubicadas en el casco urbano, ayer dignas y suficientes, hoy, en el siglo XXI, mal equipadas, son deficientes; la Rectoría, casa parroquial, vivienda para los sacerdotes.

Ningún cura vive con su familia, vida en común, sin más reglas que las de los horarios litúrgicos y las del comedor. Todos tienen su día off para jugar al golf, descansar, visitar familiares…su vida privada.

La escuela parroquial, en manos de las monjas, se convirtió en el hogar que mantenía ardiendo la llama de la fe de padres e hijos.

Las Monjas, omnipresentes en la vida escolar y parroquial, tapaban muchos agujeros en la vida social del barrio.

Uno de los acontecimientos más esperados y mejor preparados durante mi estancia en la Parroquia de la Anunciación, además de la celebración del 150 aniversario de su fundación, fue la visita de las Monjas.

The Nuns are Coming, estribillo cantado, telefoneado, carteado y llevado por palomas mensajeras, llegó a los oídos de los antiguos alumnos. The Nuns Are Coming. Que vienen las Monjas.

Las Monjas dejaron su Residencia de Mayores y revisitaron su escuela, su convento y su iglesia parroquial. Sus alumnos, agradecidos y gozosos, anclados en la fe recibida, homenajearon a sus Monjas con abrazos, flores, discursos, anécdotas, comida… Un día de convivencia más necesario para los alumnos que para las Monjas.

La escuela, cerrada, dejó de ser parroquial para convertirse en una Charter School.

Son muchas las escuelas parroquiales que han cerrado y cada año nuevas escuelas se suman a la lista. Este curso 2023-2024 doce parroquias han colgado el cartel “Cerradas por falta de Monjas”. No bueyes, los campos se quedan sin sembrar.

La transmisión de la fe ha dejado de ser una prioridad en las familias católicas.

“De lo único que no se hablaba nunca (en mi familia) era de Dios ni para bien ni para mal.. Dios era de gente gorda y nosotros no teníamos nada que ver con Él” , escribe Luis Landero en El Balcón en invierno.

Dios es el gran ausente en las familias católicas, la primera agencia de la transmisión de la fe está fallando estrepitosamente. Fallo número uno.

Hoy, enero 14, he visitado una iglesia, templo recién construido, me ha costado trabajo reconocerlo, lo he confundido con un Burger King y con un Supermercado.

Los nuevos templos son pequeños, esperan a poca gente, son edificios funcionales, desprovistos de la belleza de los templos de los tiempos de la gran pobreza. Pero la mayor pobreza no es la falta de escayolas si no la ausencia de las imágenes vivas que son los cristianos que, hoy y en esta sociedad, llenan y adornan otros edificios más grandiosos.

Fallo número dos.

¿Y si fallan las Monjas?

Las vocaciones en nuestra sociedad digitalizada, sin verticalidad, los jóvenes invisibles, turistas por las redes de distracción masiva, se realizan cliqueando “Me gusta”. Hallelujah!

Faltan las Monjas, faltan los frailes, falta Andrés que grita a su hermano: “Hemos encontrado al Mesías”.

“Yo quiero ser ese dedo ” decía Karl Barth a sus visitas dirigiendo sus ojos al cuadro que decoraba su despacho en el que se veía a Juan Bautista señalando con el dedo al Cordero de Dios.

Son pocos los dedos que señalan a Jesús. Las Monjas se fueron y la escuela se cerró.

Fallo número tres.