xº

Profesiones Discontinuadas

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

.  

 


Los profetas y San José recibían, a través de visiones y sueños, las órdenes del Altísimo.

Antenas finísimas, de alta fidelidad, los conectaban con el que está sentado en el trono.

Los fundadores, hombres y mujeres de la última dispensación, tuvieron sus epifanías en las calles.

Francisco vio a los pobres en las calles de Asís, se desnudó y les entregó sus ropas y sus bienes.

Jozef de Veuster el día que se hizo leproso pudo decir en verdad: “Mis hermanos leprosos. Yo soy uno más”.

Mother Cabrini, en las calles de América, experimentó la soledad, la falta de trabajo, de lengua y de educación de los emigrantes italianos y les ofreció catequesis y escuelas.

Calasanz, en el Trastevere romano, tuvo su epifanía personal. Vio a los niños jugar, pelearse y holgazanear en las calles , les dio papel y pluma y les enseñó a rezar.

Los hombres del siglo XXI ya no fundan Órdenes religiosas, sus epifanías acaban en ONGS.

José Andrés, después de cada desastre de la naturaleza o desastre causado por los hombres, monta su cocina y multiplica los panes y los alimentos para veinte mil hombres sin contar mujeres y niños. Y en Little Spain multiplica los dólares.

Greenpeace, Amigos de la Tierra y la joven Greta Thunberg, de epifanía en epifanía purifican de toda violencia, rapiña y profanación el Planeta Tierra y lo santifican.

Open Arms, “lo he sacado del agua”, ¿cuántos Moisés ha sacado de las aguas del Mediterráneo y dado vida esta ONG?

Médicos sin Fronteras, ejército de hombres buenos, se ocupan de los cuerpos enfermos y carentes de medicamentos. Milagros de los que Papá Dios se alegra y bendice.

No hacen los tres votos imperados de pobreza, castidad y obediencia sine qua non de la vida religiosa, pero hacen un voto que sí importa y que Dios quiere y manda, el del servicio. No he venido a ser servido sino a servir.

En esta sociedad individualista y narcisista en la que “nos entregamos al culto del Yo, a la misa del Yo, en la que todo el mundo es sacerdote de sí mismo” brotan todo tipo de ONGS, unas son mera extensión del YO y otras, auténticos milagros de servicio generoso, congregaciones laicas que sin saberlo imitan a Jesús, el hombre para los demás.

Son muchas las profesiones que han desaparecido y muchas más las llamadas a desaparecer.

Quedan pocos zapateros y las cajeras de los supermercados ya han encontrado sustitutas, los drones eliminarán a los carteros, ya no quedan hermanos fossores ni Napoleones, los autobuses y los taxis sin conductor me asustan pero Google, el de los ojos perfectos, ya me lo anuncia…

Los limpiabotas, profesión discontinuada, se resisten a desaparecer. Podría indicarte tres lugares en NYC donde puedes encontrar uno. Y tienen clientela fija.

Mi pregunta es ¿hay profesiones y trabajos tan necesarios que nunca desaparecerán?

¿Tendremos los mortales respuestas a todos los interrogantes? ¿Será la muerte la Gran Respuesta a nuestro vano existir?

El Estado, ese padre rico y solícito que legisla nuestro bienestar y nuestra felicidad desde la cuna hasta la tumba, pretende cubrir las necesidades básicas de los ciudadanos.

La sanidad universal, las monjas desaparecidas, atiende a todos, no questions asked.

El Ministerio de Educación, enseñanza gratuita y universal, sin ideario y sin aportación voluntaria, quiere ser el único mentor de la infancia y juventud.

Hoy, existen muchas escuelas sin muros y sin horarios, la calle, los peers, los curas, las pantallas grandes y las de bolsillo, atracones de porno y de celebridades, todos somos alumnos y profesores, emisores y receptores…¿desaparecerá el profesor tradicional?

La escuela del futuro será un IKEA especial, te entregarán los materiales con el manual de funciones en chino, inglés y español y los muchachos construirán puentes, recrearán el pasado y diseñarán el futuro sin necesidad de profesores aburridos.

Seguro que en el siglo XXII quedarán algunos, pocos, curas, pero ¿quién los necesitará?

Hay que vivir, según Dietrich Bonhoeffer, como si Dios no existiera, ya lo hacemos, pero la prueba de que creemos es que hacemos el bien aunque no exista ni Él ni su archi repetida cantinela “la vida eterna”.

Somos humanos y civilizados.

¡No añoréis lo que fuimos!

!Soñad lo que aún seremos!, nos recomienda la Ronda de Boltaña.