Los
profetas y San José recibían, a través de visiones y sueños, las órdenes del
Altísimo.
Antenas finísimas, de alta fidelidad, los conectaban con el que está sentado en
el trono.
Los fundadores, hombres y mujeres de la última dispensación, tuvieron sus
epifanías en las calles.
Francisco vio a los pobres en las calles de Asís, se desnudó y les entregó sus
ropas y sus bienes.
Jozef de Veuster el día que se hizo leproso pudo decir en verdad: “Mis hermanos
leprosos. Yo soy uno más”.
Mother Cabrini, en las calles de América, experimentó la soledad, la falta de
trabajo, de lengua y de educación de los emigrantes italianos y les ofreció
catequesis y escuelas.
Calasanz, en el Trastevere romano, tuvo su epifanía personal. Vio a los niños
jugar, pelearse y holgazanear en las calles , les dio papel y pluma y les enseñó
a rezar.
Los hombres del siglo XXI ya no fundan Órdenes religiosas, sus epifanías acaban
en ONGS.
José Andrés, después de cada desastre de la naturaleza o desastre causado por
los hombres, monta su cocina y multiplica los panes y los alimentos para veinte
mil hombres sin contar mujeres y niños. Y en Little Spain multiplica los
dólares.
Greenpeace, Amigos de la Tierra y la joven Greta Thunberg, de epifanía en
epifanía purifican de toda violencia, rapiña y profanación el Planeta Tierra y
lo santifican.
Open Arms, “lo he sacado del agua”, ¿cuántos Moisés ha sacado de las aguas del
Mediterráneo y dado vida esta ONG?
Médicos sin Fronteras, ejército de hombres buenos, se ocupan de los cuerpos
enfermos y carentes de medicamentos. Milagros de los que Papá Dios se alegra y
bendice.
No hacen los tres votos imperados de pobreza, castidad y obediencia sine qua non
de la vida religiosa, pero hacen un voto que sí importa y que Dios quiere y
manda, el del servicio. No he venido a ser servido sino a servir.
En esta sociedad individualista y narcisista en la que “nos entregamos al culto
del Yo, a la misa del Yo, en la que todo el mundo es sacerdote de sí mismo”
brotan todo tipo de ONGS, unas son mera extensión del YO y otras, auténticos
milagros de servicio generoso, congregaciones laicas que sin saberlo imitan a
Jesús, el hombre para los demás.
Son muchas las profesiones que han desaparecido y muchas más las llamadas a
desaparecer.
Quedan pocos zapateros y las cajeras de los supermercados ya han encontrado
sustitutas, los drones eliminarán a los carteros, ya no quedan hermanos fossores
ni Napoleones, los autobuses y los taxis sin conductor me asustan pero Google,
el de los ojos perfectos, ya me lo anuncia…
Los limpiabotas, profesión discontinuada, se resisten a desaparecer. Podría
indicarte tres lugares en NYC donde puedes encontrar uno. Y tienen clientela
fija.
Mi pregunta es ¿hay profesiones y trabajos tan necesarios que nunca
desaparecerán?
¿Tendremos los mortales respuestas a todos los interrogantes? ¿Será la muerte la
Gran Respuesta a nuestro vano existir?
El Estado, ese padre rico y solícito que legisla nuestro bienestar y nuestra
felicidad desde la cuna hasta la tumba, pretende cubrir las necesidades básicas
de los ciudadanos.
La sanidad universal, las monjas desaparecidas, atiende a todos, no questions
asked.
El Ministerio de Educación, enseñanza gratuita y universal, sin ideario y sin
aportación voluntaria, quiere ser el único mentor de la infancia y juventud.
Hoy, existen muchas escuelas sin muros y sin horarios, la calle, los peers, los
curas, las pantallas grandes y las de bolsillo, atracones de porno y de
celebridades, todos somos alumnos y profesores, emisores y
receptores…¿desaparecerá el profesor tradicional?
La escuela del futuro será un IKEA especial, te entregarán los materiales con el
manual de funciones en chino, inglés y español y los muchachos construirán
puentes, recrearán el pasado y diseñarán el futuro sin necesidad de profesores
aburridos.
Seguro que en el siglo XXII quedarán algunos, pocos, curas, pero ¿quién los
necesitará?
Hay que vivir, según Dietrich Bonhoeffer, como si Dios no existiera, ya lo
hacemos, pero la prueba de que creemos es que hacemos el bien aunque no exista
ni Él ni su archi repetida cantinela “la vida eterna”.
Somos humanos y civilizados.
¡No añoréis lo que fuimos!
!Soñad lo que aún seremos!, nos recomienda la Ronda de Boltaña.