Guardo
una mochila repleta de recuerdos, gratos muchos, tristes pocos, del año que viví
como capellán de St Vincent 's Hospital.
Con el pastor protestante compartí desayunos bíblicos, quería predicar de
memoria y desde siete púlpitos el libro de la Revelación, el Apocalipsis entero.
Yo, entre sorbo y sorbo de café, le tomaba a diario la lección.
Al rabino nunca lo ví. Sí conocí a Susan, la primera mujer de la Iglesia
Episcopaliana en recibir el Sacramento del Orden Sacerdotal.
La gran diferencia que existe entre nosotros y los otros funcionarios de lo
divino, es el horario.
Yo recibía el beeper a las 7 de la tarde y vivía con él 24 horas. Dormía en el
hospital. Una noche sí y otra también alrededor de las tres de la madrugada
sonaba el beeper, Code Blue, emergencia, tenía cita en la sala de operaciones de
la séptima planta.
Un hombre, joven tiroteado, acuchillado, corazón en paro…y yo, entre médicos
sonrientes y burdos comentarios , le susurraba el Nombre al joven al oído, a
veces me respondía, casi siempre callaba, una unción, una bendición, un adios…a
la mañana siguiente preguntaba por el enfermo. Lo recuerdo, una noche asistí a
un joven de Santander. Me contestó y se salvó.
A St Vincent 's, en el corazón del Village, vinieron los primeros enfermos del
Sida que, ajeno a contagios, confesaba y ungía, sin la barrera de los guantes de
látex.
Presencia Presencia, estar siempre disponible para los católicos y los
cristianos de todas las etiquetas y para todo ser humano. (N. B. Era un hospital
de Iglesia, de curas)
Los otros ministros, rabinos, reverendos…tenían mujeres que satisfacer, hijos
que alimentar, sermones que memorizar, reuniones que presidir, perros que
pasear…tenían horario de funcionario.
St Vincent 's, misa diaria y Presencia Presencia ininterrumpida, sus señas de
identidad católica, hoy, por falta de sacerdotes, ha cerrado sus puertas y se ha
convertido en condominios.
La Presencia Presencia, señas de identidad de la Escuela Católica, exigida y
predicada por las Constituciones de las Congregaciones religiosas, no sólo se ha
evaporado sino que premeditadamente se considera innecesaria y contraproducente.
El P. Angel Luis Valenzuela, con tesonera paciencia, a pesar de sus muchos años,
fue Presencia sonriente y graciosa entre los niños hasta el final de su vida. Un
santo presente, alegre y fiel a la vocación “original” que había abrazado sin
reservas. Su Presencia llenaba la escuela de alegría.
Hoy, abril 11, un grupito de niños, por primera vez han visitado una iglesia,
han visto un cura vestido con ropajes raros, han sido invitados a orar y por
falta de vocabulario no han respondido y, dicen, que han recibido la primera
comunión.
Ite, missa est. ¿despedida o Despedida?
La Presencia Presencia es condición sine qua non de la evangelización. Eliminada
sin necesidad y suplida por una “sorority” sin un master in divinity y con una
raíz a ras de tierra no edifica la familia, primera agencia de la trasmisión de
la fe.
Hay más Presencia en algunas escuelas públicas que en algunas escuelas de curas.
Sabiduría sapiencial, leo en Proverbios 14,4: “Cuando no hay bueyes, el trigo
falta”, la fe falta, la “risa pascual” la suple el Comedy Channel, los Aleluyas
los cantan Star Wars, Super Mario y los 20 tocaflautas de moda…
La decoración de la entrada de la escuela y de sus paredes, ignorando los
tiempos litúrgicos, es una horterada monumental. Muy in, muy lúdica, muy
educativa, para curar las mentes depresivas y suicidas, para crear Premios Nobel…(sobra
“an encore”)
“Pues si desde la infancia el niño es imbuido diligentemente en la PIEDAD y en
las LETRAS puede preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida”.
Constituciones nº 5