Veinte años atrás predicaban los sociólogos que la tierra no podría alojar ni
alimentar a la sobrepoblación, plaga galopante. Profecía no cumplida.
Hoy en el primer mundo, la noticia es muy mala noticia, muere más gente que la
que nace. Y son muchos los que andan preocupados.
La tierra está repleta de mayores, muy mayores, hospedados en Residencias de
cinco estrellas, de cuatro, de tres… Residencias superpobladas, sin estrella
alguna. Realidad que sí preocupa a la autoridad.
“Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”, mandamiento solemne del
Creador, primer mandamiento, en la primera página del Libro.
Lo de procrear se va acabar.
El 28 de enero de 2026, por unanimidad, los diputados franceses votaron eliminar
del Código Civil el “débito conyugal”.
Adiós al Derecho Canónico, adiós a San Pablo, “Por tanto no se nieguen el uno al
otro, a no ser que se pongan de acuerdo para dedicarse a la oración, después
volved a estar juntos”, a ser “una sola carne”.
Matrimonio indisoluble, procreación sin restricciones. La teología perenne
enseñaba que el sacramento del matrimonio se celebra, se actualiza y se firma en
la relación sexual. No sexo, no matrimonio.
Recuerdo haber leído en la biografía de Lutero que después de la boda, del altar
fueron a la cama, y Jonas, su amigo, fue testigo ocular del matrimonio consumado
y ratificado en el tálamo nupcial por Lutero y Katharina von Bora.
Lo de procrear se ha acabado.
El invierno demográfico es buena noticia para el planeta que se hunde bajo tanto
peso.
“Parir es doloroso -dicen otros- ¿Y a qué sirve parir? Sólo se paren
desgraciados”.
En nuestra sociedad posmoderna e individualista el modelo tradicional de familia
es un souvenir raro, sólo los muy religiosos lo compran a pesar del precio.
La liberación de la mujer incluye también la renuncia a la maternidad. Las child
free, ya en pareja, ya solas, van creciendo no sólo en número sino en
influencia. Las madres cuyo ideal es el hijo único, el hijo rey, hoy, son
legión.
Muchas son las razones para retrasar y para evitar la maternidad.
La vivienda, el coste de la vida, el trabajo, el miedo al sacrificio, las
privaciones, el futuro incierto de los hijos…
La vida profesional de las mujeres abarca todos los trabajos. Están en el
ejército, en los hospitales, en las aulas, en la política,en la religión, ningún
trabajo les es ajeno, son obispos, son pastores en las iglesias protestantes,
son rabinos, sólo la Iglesia Católica, de momento, frena su aspiración
sacerdotal.
Muchos son los mayores y pocos son los niños, basta entrar los domingos en las
iglesias y pasear la vista por la asamblea. ¿Y si investigamos los seminarios,
los noviciados y los junioratos? Ni bocas ni vocaciones.
Las escuelas católicas se rifan los niños, bien escaso. Los centros hacen
campañas por tierra, mar y aire para atraer a nuevos alumnos y en su afán
reclutador ofrecen la luna y producir Premios Nobel de Física. Ofrecen todo y de
todo, pero se olvidan de lo más importante, de su identidad.
El mundo será de los hombres con religión porque sólo ellos engendran hijos.