Paganos

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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La cloche sonne à 11 heures y mi sacristana pleure. Ha pasado gran parte de su vida en Francia y los domingos compartimos penas y fracasos en francés.

La campana suena pero la iglesia sigue vacía. Mi sacristana, en su indignación religiosa, exclama con el profeta Elías: “Quedo yo sola como profetisa y ardo de celo por el Señor Dios del universo”. El día que yo muera nadie abrirá la puerta, nadie la franqueará.

¿
Está justificado su pesimismo? Moi, aussi, j’ai envie de pleurer.

Mi gente, la poca gente que aún queda por estos pagos son “gentes a quienes les falta TODO, excepto algo que tienen en exceso: unos son un ojo lujurioso, otros son un hocico que todo lo husmea, otros son una panza siempre por llenar, otros son un chirimbolo siempre a punto, otros”…

Les falta todo, lo esencial, “una cosa te falta”, “elegir la mejor parte”, la FE.

Entro en la iglesia vacía, es un freezer.

Mi gente, los paganos de estos pagos, no sólo vive como si Dios no existiera sino que agarrada a lo que tienen en exceso no se dan cuenta de que les falta todo, el TODO.

Los Israelitas, en sus andanzas por el desierto, perdido Moisés entre truenos y relámpagos en el Sinaí, le pidieron a Aarón: “Haznos un dios que vaya delante de nosotros”. Y les dio el Becerro de Oro, nuevo dios, al que adoraron y ante el cual danzaron.

A propósito, el Becerro de Oro de la película Los Diez mandamientos de Cecil B DeMille, subastado en Christie, valió quince mil dólares.

Mi gente, los dioses vendidos o almacenados en los museos, se han quedado sin dioses.

Vale más adorar a dios bajo esta forma que bajo ninguna”.

La palabra “dios” en la punta de la boca nos da cierta seguridad.

Los hombres de hoy no necesitan que les fabriquen nuevos dioses o les prediquen viejos dioses.

Los hombres de los pagus, antaño fueron vestidos con prendas XL, muchos nunca se sintieron a gusto y con el paso del tiempo se han revestido con nuevas ropas, atrás queda el traje de las fiestas y de los domingos. Hoy hay que vestir casual porque no hay que vestirse para ningún dios.

Los hombres de estos pagos se han revestido de nuevos valores, se han convertido en paganos.

El paganismo está aquí para quedarse, digan lo que digan las encuestas, pero también es cierto que “el viejo Dios revive, oh Zarathustra, digas tú lo que digas”.

El Becerro de Oro, símbolo de todos los falsos ídolos, vive en todos los corazones. Sólo somos monoteístas cuando proclamamos el Credo Nicenoconstantinopolitano, pero son tanto los ídolos, las celebridades, las estatuas, las ideas…que atraen muestran atención que nos derramamos en adoraciones y en alabanzas por doquier.

Si hubiera dioses ¿cómo toleraría yo no ser dios?”

Matemos a nuestros dioses para que viva Dios, el que es, el eterno, el uno, el incorpóreo, al único que debemos adorar.