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La Inacabada Misión

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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Cuando en 1922 Puccini estaba componiendo la Ópera Turandot, los médicos le diagnosticaron un cáncer maligno.

Un buen día, consciente de su enfermedad, reunió a todos sus discípulos y les dijo: “Si muero antes de terminar mi obra, no la dejen inacabada, a ustedes, mis discípulos, les toca ponerle el punto final”.

Animados por el Maestro y deseosos de cumplir su mandato, a su muerte, se pusieron manos a la obra y unos años más tarde, la Ópera acabada, se estrenaba en la Scala de Milán.

Cuando la representación llegó a la última nota escrita por el Maestro, Toscanini, con lágrimas en los ojos, se dirigió a los asistentes y les dijo: “Hasta aquí, la obra del Maestro, después de un momento de silencio dijo con orgullo: “Aquí comienza el trabajo de los discípulos”.

La acabaron y, representación tras representación, se sigue celebrando al Maestro y a su obra.

Las MISIONES, tanto para clérigos como pueblo fiel, es lo que se hace en países exóticos, lejanos, en ultramar.

Todavía hoy, cuando un cura viaja a un país lejano, automáticamente adquiere la etiqueta de “Misionero” y se le despide con bendiciones. Deja su casa, su tierra, y como Abrahan no sabe a dónde va, sí sabe que será bendición para el mundo. Un héroe.

A veces me pregunto, los curas que cruzan mares y océanos, y son muchos, y no van sino que vienen de la India, de Polonia, de Colombia, de Nigeria…a una Europa que no los necesita, a España, a Francia…¿No son también misioneros?, ¿Son recibidos como misioneros?

¿Vienen sólo a tapar agujeros, a sostener una casa en ruinas, a poner una nota de color en el pueblo?

Misioneros somos nosotros. Estos curas que vienen de lejos son mano de obra, temporeros, inmigrantes en busca de trabajo.

Un cura colombiano,” misionero” en Zaragoza, me contaba que en su diócesis sobran seminaristas. Terminados los estudios, el Obispo antes de la ordenación les dice: Trabajo no puedo darles, si se ordenan tendrán que buscarlo en España. Allí son muy bienvenidos.

Azaña el 14 de octubre de 1931 afirmó en el Congreso de los Diputados: “España ha dejado de ser un país católico”. Boutade ingeniosa en 1931, hoy, amarga realidad.

La Misión empieza en la propia casa. Salir de la iglesia y cruzar la calle es viajar a ultramar, entrar en un aula, laica o concertada, es cruzar el mar. Los héroes los queremos lejos, en ultramar. Te buscaba fuera y no sabía que estabas dentro.

Florentino importa los mejores futbolistas. La selección francesa de fútbol, me parecía hace unos días, la selección de las colonias francesas. Y son también muchas las parroquias que tienen un cura africano.

Los Obispos, Florentinos del negocio espiritual, deberían importar los mejores misioneros.

Importar es escapar por la escalera de emergencia.

Los discípulos de Puccini aplicados y obedientes al mandato del Maestro acabaron la Opera.

Si los discípulos de Jesús, 1.390 millones censados, de toda tribu, lengua y nación, “sacerdotes, profetas y reyes”, super titulados y bien sellados, nos tomáramos en serio el mandato del Maestro, su evangelio eterno, su Misión, no la nuestra que muchas veces no coincide con la del Maestro, sería más armónica, sin estridencias y sin voces desafinadas.

No estamos llamados a tener éxito, el boato, la gloria, y el incienso no son las notas de la Iglesia, sino a ser obedientes y persistentes.

Dejemos a la sociedad del entretenimiento con sus grandes recursos para crear eventos, Copas de Europa, Olimpíadas, Disnelandias, conciertos Taylor Swift, viajes espaciales, celebridades de todo a cien … La Iglesia no puede competir con ofertas tan variadas y placenteras.

La Iglesia es Misión, llevada a cabo por todos sus miembros, desde el primer día y su tarea se reduce a conectarnos con él Tú Solo Santo, él Tú Solo Señor, Jesucristo, ofrecer algo menos y menor es pura idolatría.

Amén.