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"Y allí
murió Moisés. Lo enterraron en el valle de Moab y hasta el día hoy nadie conoce
el lugar de su TUMBA".Deuteronomio 34,5
Moisés,
Maestro de maestros, el confidente de Dios, el que conoció la Esencia de Dios y
sus obras poderosas, es ahora sólo un nombre, nombre perdido en los archivos de
la historia, pero un nombre que invita a cada uno de sus herederos a ser "un
nuevo Moisés". Su profecía es única e irreproducible y nadie alcanzará ya
semejante altura.
En
estos tiempos en que se entierran y desentierran a los muertos por razones
ideológicas, por impago del nicho y hasta se nos niega esparcir las cenizas por
el monte Toranzo... en estos tiempos es saludable y oxigenador recordar la
inexistencia de la Tumba de Moisés.
Moisés
no tiene Tumba, no tiene mausoleo, no tiene visitas guiadas a su santuario,
bendito sea Dios, no está divinizado, no tiene CULTO.
El
pueblo judío es el pueblo de la Palabra y de las palabras. No necesita ni
pirámides ni héroes. Dios es su único héroe.
Divinizar
a los seres humanos es idolatría y esto también lo aborrece Dios.
Nadie
sabe donde está la Tumba de Moisés y ni falta que hace. Nos dejó el mapa que
lleva a la Tierra Prometida y eso basta. Nos dejó la Torah y la Alianza del
Sinaí y el Tetragrammaton, el único "nomen proprium" de Dios, nombre que indica
sólo su Esencia, sin atributsos, el UNO siempre actualizado.
"Dios
es la mayor amenaza de la religión", escribe Micah Goodman. Las religiones son
los domadores de Dios, ofrecen ediciones de bolsillo de un Dios reducida a
tamaño humano para consumo cotidiano de los labios que no de la razón ni del
corazón.
El
Santoral, esa cosa tan aldeana que hasta las emisoras de radio, perversas ellas,
nos recuerdan al despertar, es una lista de nombres nunca oídos y tan raros que
resulta de una gran comicidad escucharla.
El
Santoral es cosa de hombres y de mujeres. Ayer servía para distribuir estampitas
a los niños, para tema de los grandes pintores, para levantar Escoriales y
mausoleos que albergaran cuerpos embalsamados e incorruptos, para que los
orfebres multiplicaran los relicarios, sagrarios de santas reliquias.
El
Santoral es pre-texto que deja sin texto a lo santo, al Tú Solo Santo.
Con
tanta riqueza, ¿quién necesita la Biblia para predicar?
Nos
bastan los santos, sólo su versión amable y piadosa, nos bastan los textos del
magisterio, tenemos un Papa y unos obispos que emanan documentos que no vienen
precisamente del Sinaí y ¿tenemos la Biblia?
El
Concilio Vaticano II cayó en la cuenta de que la Sola Scriptura de Lutero fue
más que una gran intuición, fue una revelación sinaítica y nos dio la Lectura
Continua de la Biblia, lectura continua que se hace discontinua por razón del
santoral o por cualquier otra razón.
La
Biblia sigue siendo un pretexto litúrgico, no una fuente de inspiración
profética.
Las
religiones tradicionales, según las encuestas, pierden adeptos, mientras que las
religiones que sólo se inspiran en la Biblia los ganan.
Por
encima del Santoral está la Palabra y por encima de la Palabra está Dios.
En mis
conversaciones con los de "arriba y los de abajo" descubro más entusiasmo por el
Santoral que por la Biblia. La Iglesia, semper reformanda, sólo se Reformará por
la Palabra de Dios, la Biblia.
La Sola
Scriptura de la Reforma Protestante sólo es hoy verdad en las nuevas iglesias.
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