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Jubilaciones

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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Bernadette, Regina y Rita, tres monjas rebeldes, octogenarias y austriacas, enrejadas en una Residencia de Mayores decidieron, con ayuda externa, emprender La Gran Escapada.

Fieles a sus votos de servir y morir en el convento de su profesión religiosa, superando obstáculos mil, regresaron al monasterio de Goldenstein.

La autoridad las quiso jubilar, ellas no aceptaron la anestesia, menopausia laboral, y volvieron al vientre que las engendró.

Noticia sorprendente, heróica, liberadora en estos tiempos en que curas y frailes suspiran por la jubilación y no sólo se definen como “jubilados” sino que viven como “jubilados”, jubilación TOTAL.

La palabra “jubilación”, mundanidad que sienta mal a los oídos de Dios, ha entrado en los conventos y es bendecida y asperjada por los CEOs de la Vida Religiosa.

Enviar un fraile a la Residencia de Mayores, ¡qué liberación!

Son muchas las profesiones que desconocen la jubilación. Médicos, filósofos, jueces, escritores, pintores... no se jubilan y quieren ser enterrados con sus tinteros, sus pinceles, sus libros, sus sentencias...

Seguir en activo es la normalidad vitall, sólo los que tienen complejo de “funcionario” suspiran por la jubilación.

El juez Alvin Hellerstein, 92 años, con su copia de la Torah clavada en la pared de su sala, terminará su carrera juzgando y sentenciando al hombre del momento, Nicolás Maduro.

El oftalmólogo doctor Baños, 85 años, sigue atendiendo día tras día a sus pacientes y no piensa en la jubilación.

El filósofo José Luis Marina, 86 años, acaba de publicar “La Vacuna contra la Insensatez”.

La lista de los que no piensan , anatema sit, en la jubilación es más larga que la de los innumerables mártires de Zaragoza.

¿Y los frailes y los curas?

Dichosos los que mueren celebrando su última eucaristía, he conocido algunos, doblemente dichosos y siempre fieles.

La mayoría de los frailes, desconectados del ministerio y de la comunidad de los hombres, eutanasia total, se apagan en la soledad y el silencio.


La muerte, Gran Jubilación, no tiene nada que ver con la frívola jubilación del funcionario.

Los curas, bendita ilusión, no pueden ni deben jubilarse. Pero atrapados en esta concha de 56 o 90 kilos de carne no dejamos que la “chispa divina” que anida en nuestro más íntimo ser ascienda a su destino. Conocemos las contraseñas y el PIN de nuestros gadgets electrónicos pero no hemos dedicado tiempo, los negocios y los chuches mundanos, distracciones vanas, a descubrir las contraseñas divinas.

¡Qué grande es ser mayor!

!Qué triste y qué aburrido es ser mayor cuando ignoramos la necesaria contraseña de la Gran Jubilación!