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los Mayores y a los Muy Mayores, más de nueve millones de españoles superan los
65 años, lo único que no les caduca es el DNI.
Unos, cansados de existir, con gemidos inenarrables, piden “un poco” de
eutanasia para cruzar la Meta Final, otros, mendigan al cielo y a la farmacia un
día, un mes, un año más.
Mayores, poesía aparte, mancha gris y cara, entristecen y entorpecen las aceras
de la ciudad.
Amontonados en Residencias de Mayores, se visibiliza el lado oscuro de la vida,
se canta la ronda de todos los males, y se contempla el horizonte vacío desde la
ventana. La cara festiva tiene más de imposición que de necesidad. Jugar y reír
porque sí, porque las monitoras, animadoras de la risa, de los juegos
infantiles, de la gimnasia rítmica, siguen ciegamente el programa.
Los Mayores, en la España vaciada, cuando el gran astro se asoma y calienta,
salen de sus casas vacías a la calle y, sentados en los poyos, contemplan las
interminables acrobacias de los oncetes y la gente que no pasa…
Los frailes y las monjas, ayer vivían la vida bajo la consigna sagrada y secular
del recessu a secularibus, hoy, eliminadas las clausuras y abiertas las puertas
al mundo, la vida cobra más alegría y recupera la normalidad de la compartida
humanidad.
Curas, frailes y monjas engordan la lista de los nueve millones y envejecen más
las estadísticas.
La Vida Religiosa envejece, las estadísticas lo cantan, los sucedáneos,
optimismo desesperado, rejuvenecen la mano de obra, no la Vida Religiosa.
Nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida, pero abrir los
catálogos, colección de nombres y de fechas, es asomarse a un pozo sin fondo.
La jubilación, certificado de la muerte anticipada, no es ningún premio, es una
perversidad.
Constato que las diócesis, los conventos y las comunidades religiosas, signo de
los tiempos, se fusionan, a los clusters de parroquias los adornan con el título
de Unidades de Acción Pastoral.
Todo como ayer pero peor.
Los Superiores, CEOs del IMSERSO Clerical, favorecen el envejecimiento pasivo,
la inmersión monástica, el turismo congregacional, re-visitar los Centros de
siempre y saborear su nuevo catering, asepsia total, gracias al trabajo ímprobo
de los nuevos gestores, el turismo termal en Alhama, Fitero, Ariño…
Frailes y Monjas Mayores, too old to learn new tricks, son convocados
semanalmente o trimestralmente a talleres de espiritualidad, nuevos gurús,
nuevas ideas, nuevas posturas, abrir el almacén de lo de siempre y de lo último
para épater al personal sirve de poco… uno ya sabe que no está convertido del
todo.
La cabeza está llena, el corazón cansado, quedan necesidades más básicas, más
humanas difíciles de detectar y de satisfacer que los CEOs del IMSERSO clerical,
zahoríes de lo “eterno”, no encontrarán.