Juan
de Patmos, un domingo en la asamblea litúrgica, entró en éxtasis, vio una puerta
abierta en el cielo, entró y escuchó una voz como de trompeta que le dijo:
Escribe lo que es y lo que va a suceder pronto.
Sueños, visiones, pesadillas nos describen un mundo dual:
Dios y Satán, los salvados y los condenados, la sinagoga de Israel y la sinagoga
de Satanás, las profundidades de Dios y las profundidades de Satanás, el sello
del séptimo ángel y el sello de la bestia, la mujer vestida de sol y la puta
vestida de púrpura con una copa de oro en la mano, el banquete de bodas del
cordero y el banquete de carne de aves, caballos, generales y soldados,
Armageddon y la Victoria Final…
El desconocido autor del libro del Apocalipsis, bautizado con el nombre de Juan
de Patmos, esperaba la llegada del Reino de Dios y se encontró con la
implantación del Imperio De Roma con sus ejércitos, sus armas, sus dioses y su
cultura. Roma lo llenaba todo.
Roma fue su enemigo exterior.
Los primeros seguidores de Jesús, judíos, que habían encontrado el Mesías en
Jesús, no habían cortado aún el cordón umbilical que los ataba al judaismo.
Juan, fiel a su IDENTIDAD judía, lucha titánica de los 7, de visión en visión,
se enfrenta a Roma, enemigo externo y a Pablo de Tarso, su enemigo interno.
Pablo, venciendo todos sus escrúpulos, corta el cordón umbilical, suma traición,
y libera a los gentiles del yugo de la Ley, de la Torah.
NO pertenecen al viejo Israel, al judaísmo, y les da una nueva IDENTIDAD. No son
judíos, no son gentiles, son Cristianos. Son Cristóforos.
Juan de Patmos, firme en su identidad judía, Israel de Dios, él seguirá
sirviendo la copa de la ira del Señor y seguirá denunciando el gran robo de
IDENTIDAD por parte de los creyentes gentiles que se consideran los herederos
legítimos del nuevo Israel.
Nosotros, los seguidores de Jesús, los creyentes de todos los tiempos, no
queremos ser judíos, no queremos ser gentiles, nuestro carné de IDENTIDAD reza:
Cristianos.
“Si pudiera revivir mi pasado
cuando Dios velaba sobre mí,
cuando su luz brillaba sobre mi cabeza
y a su luz cruzaba la tiniebla,
cuando Dios era un íntimo en mi tienda”.
Job, el hombre más rico de Oriente, se queja, se rebela, protesta y recuerda un
ayer bendecido por Dios con 7 hijos y tres hijas y con bienes materiales en
abundancia.
Hoy responde a sus amigos que lo acusan de pecador.
A Job, en su soledad, sólo le queda su Goel. Sólo Él es su Redentor y su ancla
de salvación. Job recuerda y ora.
Juan de Patmos vocifera y denuncia el mayor robo de IDENTIDAD de todos los
tiempos. Unos advenedizos, engreídos e ignorantes, miembros de la sinagoga de
Satanás, roban la patente a Israel, la falsifican y crean una nueva IDENTIDAD.
Bendito camuflaje. Hoy te puedes disfrazar de soldado, de cura escolapio, de
payaso, de rebe,… Todos vivimos un camuflaje light pero a fuerza de repetirlo lo
podemos convertir en permanente.
Si, como Job, pudiera revivir mi pasado cuando las comunidades escolapias eran
numerosas, diversas, de viejos y jóvenes, en silenciosa armonía, jugando al
guiñote y celebrando el cumpleaños en la habitación del hermano con moscatel,
pastas y jugosos chistes, cuando el mundo digital no nos distraía, no nos
aislaba ni nos mantenía ansiosos con el hocico metido 24/7 en la pantallita. Se
terminaba el día rezando el breviario a toda pastilla, amenaza de pecado mortal.
Al día siguiente, el Cuarto Voto, más visible que los otros tres, fidelidad
vocacional, los Escolapios de San José de Calasanz, IDENTIDAD asumida y vivida
con alegría, íbamos de clase en clase, mañana y tarde.
Hoy, amnistiados, las aulas vedadas, la calle es nuestra escuela. ¿Se puede
vender la IDENTIDAD Escolapia?
Por un puñado de euros todo se puede vender.
Nuestros herederos se declaran todos católicos. Unos no practicantes, otros
divorciados o amancebados, otros rezuman piedad y ambición, otros los escolapios
laicos, camuflaje light, trucada la patente actúan como herederos.
Ojalá, los laicos que mantienen el “negocio escolar" se sientan orgullosos de su
IDENTIDAD Cristiana y sus alumnos la puedan detectar.
Todos los demás títulos son redundantes, innecesarios y equívocos, meros
tatuajes del yo..