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Guía de los Perplejos

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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CAPÍTULO L I. TERCERA PARTE

Comenzaré el tema de este capítulo con un símil” así comienza Maimónides este capítulo L I.

“Un rey está en su palacio y sus súbditos están, unos en el país y otros en el extranjero”.

Siete son las categorías de gentes descritas y juzgadas en este símil. La interpretación que hace Maimónides de la relación de estas personas con el rey es no sólo sorprendente sino exagerada, cruel a veces.

Me llama especialmente la atención la tercera categoría de gentes, “están en la ciudad pero no ven el palacio”.

No han entrado en el palacio, no han visto al rey, ignoran su existencia, tal vez ni les interesa.

¿Quiénes son estos súbditos?

Son la masa religiosa, judíos sencillos que siguen ciegamente los mandamientos, cumplen, no les interesa saber el porqué de su cumplimiento. No verán nunca al rey.

No relación, no diálogo con el rey, están cosidos con algo tan impersonal como la Ley.

“Si cumplimos los mandamientos sólo con los miembros somos como los que están ocupados en cavar la tierra sin pensar en la naturaleza de esos actos, sin pensar en quien los ha mandado, sin pensar en su finalidad”.

Retrato pobre de esos judíos, ignoramus, tienen miembros pero no tienen inteligencia ni corazón, que le valió a Maimónides no pocas críticas.

Maimónides, autor de la Mishne Torah, enciclopedia de los Mitzvot, no desprecia a estos judíos, pero su observancia maquinal no le merece ningún elogio.

“Man’s love of God is identical with His knowledge of Him”.

Leo, me hace mucho bien, el capítulo L I y, a mi pesar, me lleva a comparar la tercera categoría de los súbditos del rey con las personas religiosas de todas las religiones, los católicos incluidos.

Los hombres del siglo XXI viven en el extranjero, extramuros, como dice Isaías. “Somos desde hace tiempo aquellos sobre los que tú ya no tienes gobierno, los que ya no llevamos tu nombre”

Los que viven en el país, autónomos de sí mismos, no rondan el palacio del rey y no saben o pasan de su existencia. La tercera categoría de gentes, los que no ven el palacio, son la masa de religiosos católicos, cumplidores y consumidores de religión.

Practican más el autocastigo, la ascesis de la carne que deja el alma fea, flaca y famélica, la cara oscura de la religión,que la alegría del encuentro con el rey en su palacio.

Religión de mínimos, puntual, literal, no es Dios quien les manda, no es a Dios a quien dan culto, son esclavos de la Ley.

Dios, ente desconocido, queda fuera de su horizonte, ¿cómo amar a quien no se conoce?

Todo lo rutinizamos, culto de los labios, magnetófonos orantes, nunca centrados en el Dios a quien damos culto. Cuerpo en el templo, espíritu en los negocios.

¿Cómo conocer al Dios que no frecuentamos?

Tacaños, el tiempo ofrecido a Dios es mínimo, no le damos el diezmo de nuestro tiempo, los 40 minutos de la misa distraída y aburrida se nos hacen eternos porque no estamos vinculados con Ël.

“Ya hemos cumplido” frase mágica de los católico cuando dejan el templo el domingo. Han entrado en el palacio del rey, pero no han visto, no han escuchado y no han hablado con Él.

Los que hacen un esfuerzo adicional en su presencia para establecer un contacto con Él son los que ven el rey y lo escuchan y hablan con El.

El judío cumplidor figura en el último peldaño de la virtud judía mientras que el profeta que ”piensa los mismos pensamientos que Dios piensa” figura en la cima de la virtud judía y se goza en la presencia del rey.