Las
monjas clarisas de Belorado, en nuestra Iglesia saturada de malas noticias y de
personajes pintorescos, han puesto, a su pesar, una nota de comicidad en los
medios de comunicación y en los comentarios de las gentes. Noticia teológica,
bancaria y comercial, sazonada con la presencia de dos pseudo clérigos
tridentinos.
La clausura monacal abolida, nos han abierto las puertas y nos han dejado ver
las miserias del convento, no hemos visto cilicios ni la custodia custodiada
24/7 por las monjas orantes, pero sí hemos sabido de facturas y de caprichos
caros e innecesarios.
Lucifer, disfrazado de obispo y su copero mayor, las han catequizado y, algo que
los católicos practicantes y centrados en lo esencial ignoran, se han apuntado a
una iglesia inexistente, sedevacantista. EXCOMULGADAS ponen en peligro el
negocio de su salvación y el negocio terrenal de las pastas.
La palabra excomunión, ayer, causaba miedo, implicaba destierro a las tinieblas,
“al lago de fuego y azufre que es la muerte segunda”.
Hoy son muchos los que se auto excomulgan, se auto expulsan, no necesitan que el
árbitro les saque la tarjeta roja.
Hay excomuniones rodeadas de pompa eclesial e imperial. La excomunión de Lutero,
monje piadoso, estudioso y traductor de la Biblia al alemán fue gloriosa y
memorable. La tiara de Léon X y la espada del emperador Carlos V, la fuerza Y EL
PODER, cerraron la Biblia y apagaron la voz firme de Lutero y firmaron su
EXCOMUNIÓN.
“No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura. Que Dios me ayude”. Comienza la
historia de la Iglesia Luterana.
El Arzobispo Viganó, tan elegante en su vestimenta episcopal y tan apegado a sus
ideas heréticas, ha sido fulminado como Coré, Datán y Abiram. Rebelión contra la
autoridad.
Y sin grandes ceremonias, por teléfono, por mail, o por wasp le han comunicado
la sentencia, culpable, rebelión contra la autoridad Papal. EXCOMULGADO.
Quedan muchos Viganós en la Iglesia.
Burke, Sandoval, Sarah, Zen, Bradmueller,autores de los “dubia”, enemigos de
Francisco, Cardenales, purpurados, príncipes que, como Josué gritaron: “Sol,
detente en Gabaón”, tenemos que terminar la faena o si no que “la Roma de
Francisco se hunda en el Tíber”.
Son tan merecedores del título de EXCOMULGADOS como el fantasma de Viganó
rondando por la muralla Vaticana.
Dentro de cada católico hay un apóstata o un hereje o un cismático.
Le pedí a Google la lista de los EXCOMULGADOS, trabajo me costó creer que un
niño de 14 años, Joaquín Pérez Mora, y una chica de 15 años, Samantha Hudson,
hayan sido EXCOMUNICADOS en su infancia, precocidad insólita.
“DIOS ES” afirmación rotunda total. No necesita ninguna añadidura se corre el
riesgo de caer en la herejía.
Cada vez que intentamos embellecer la frase con atributos innecesarios, tenemos
que despedirnos inmediatamente, Dios es siempre nuevo, siempre por descubrir.
El corsé de la ortodoxia es de suma incomodidad. Los que se lo quitan y lo
airean en público son los EXCOMULGADOS.
Dios, el inefable, el innombrable, no es un funcionario del Estado Vaticano y no
saca tarjeta Roja.