Mi
admirado Papa Francisco tiene salsas para todos los platos. Todo, lo celestial y
lo terrenal, lo no engendrado y lo seminal, sazonado con adjetivos y anécdotas
pertinentes, lo convierte en platos de la nueva cocina vaticana.
El 11 de junio, en el anfiteatro de la Universidad Pontificia Salesiana, ante
200 curas, Francisco pronunció la frase que ha recorrido el mundo: “En el
Vaticano hay una atmósfera de frociaggine, de faggotry, de mariconería”,
afirmación ya predicada a los obispos el 20 de mayo.
Pero “frociaggine”, vocabulario callejero y ahora papal es mucho más que una
salsa para sazonar coloquios y tertulias eclesiásticas a puerta cerrada, es la
realidad de la condición humana muy presente en la sociedad y en la Iglesia.
Me viene a la mente lo que un escolapio soriano, enojado y cabreado gritaba:
¡Cuánta mariconería hay en el fútbol!”, cuando veía a los futbolistas eufóricos
y victoriosos abrazarse y besarse.
La verdad es que la mariconería de la que habla Francisco no es una salsa nueva.
Frédéric Martel sazona cada página de su libro “SODOMA. Poder y escándalo en el
Vaticano” con la salsa rosa de la mariconería en los altos niveles de la Curia
Vaticana. Detrás de cada puerta…
Dos maneras de enfrentarse a esta realidad tan vieja como la misma creación de
Dios, pero hoy omnipresente en las redes sociales y en las calles de la ciudad.
Las iglesias cristianas y las sinagogas en los pórticos y campanarios de sus
templos ondean dos banderas, la del país y la bandera arcoiris.
Nada obsesionadas con el “gran pecado” invitan a todos, straights y gays, a
formar asamblea y a celebrar el único Amor que redime y sana todos los amores
humanos.
“Jesus is the Queerest of us All” leo en la cartelera de una iglesia en
Washington Square Park, corazón de la New York University.
Entro en Saint John the Divine, la catedral episcopaliana de New York,
decoración espectacular, caleidoscópica, las siete colosales columnas del
presbiterio lucen los colores del arcoiris, de las bóvedas altísimas cuelgan
largas tiras de luces de colores en honor del Praise Pride.
Sin vergüenza y con orgullo, más que decoración es afirmación y celebración de
la condición humana policromática.
En el centro del templo leo despacio la ronda de los testimonios de los
Reverendos, de los Rabinos, de los Sacerdotes, de los Imanes y del pueblo
fiel…confesiones de la totalidad de su ser humano y espiritual ante Dios y ante
los hombres.
“I think Religion has always been somewhat queer”, dice el P. Charles Bell.
La Iglesia Católica, obsesionada por los pecados de la carne, nunca se preocupó
del planeta Queer y sus habitantes, invisibles, extramuros de la ciudad, no
mencionados, eran seres inexistentes, sólo existían, como dice Francisco en los
seminarios y en los cubículos vaticanos.
Tener tendencias homosexuales latentes y controladas te inhabilita para el
ejercicio del sacerdocio, pero tener tendencias carnales, necesarias e
ineludibles, la mujer es el blnaco a alcanzar y el vaso a llenar, no te
inhabilita. He conocido hijos e hijas de curas muy piadosos y muy carnales.
El celibato, en el rito romano, es el mismo para straights y gays, hetero y
homosexuales. HOY se está haciendo el censo de los curas gays que no lo han
guardado. ¿Se hará algún día el censo de los curas adúlteros y de los que han
engendrado hijos e hijas? ¿No es más pecado engendrar hijos y para ahorrarse el
sanbenito de la paternidad obligar a la mujer a vaciar el vaso?
En el clero y en la Vida Religiosa, masculina y femenina, hay de todo y todo es
posible.
Francisco, sólo entre los ángeles, cero mérito, no hay mariconería, dejemos que
los ángeles, pobrecitos, sean ángeles y que los hombres, superbendecidos, sean
hombres felices. PRAISE GOD.