“Esto
que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra, todo será
destruido.
Maestro, ¿cuándo va a ser eso?”, proclamábamos el domingo 33, ciclo C
El Reloj del Fin del Mundo de Chicago, lo adelantan o lo retrasan los
escrutadores de los signos de los tiempos. Marcar las 12, Midnight, es marcar la
Hora Final.
En distintas ocasiones, por segundos, el Reloj no ha dado las 12. Sólo la mano
de Dios, blessed be He, puede adelantar las agujas del Reloj y dar las 12.
La Biblia anuncia el Fin del Mundo y el fin de lo que es y de lo que parece ser.
Hoy resulta difícil distinguir entre ficción y realidad, entre fake news y true
news, entre religión y superstición, entre éxtasis místico y éxtasis epicúreo,
entre escuela católica y escuela laica… echo en falta una guía para perplejos.
Jesús habla del Fin del Mundo, pero no habla del fin de la religión, ni del fin
de la Vida Religiosa, ni del fin de la escuela católica.
La religión en “espíritu y en verdad” sólo existe en el cielo. Aquí vivimos en
la Ciudad de Babel, a pesar de la Roma imperializada por Constantino, el
arriano.
“La secularización emerge como tendencia dominante, con un aumento significativo
de la irreligión, especialmente entre las generaciones jóvenes. La inmigración
ha enriquecido la diversidad religiosa del país, impulsando el crecimiento del
Islam y otras religiones minoritarias”.
“Las generaciones jóvenes”, las salidas de la escuela pública y las salidas de
la “escuela de sensibilidad católica”, la escuela católica, en este hoy, no sólo
no existe sino que no puede existir, sus CEOs no creen en ella, salen
descreídos, sin preguntas ni respuestas.
Hoy, 18 de noviembre de 2025, he leído en La Croix las estadísticas sobre la
evolución de la Vida Religiosa en Francia. Me ha evocado el gran banquete del
rey Baltasar y sus CEOs. Veo la mano misteriosa y the writing on the wall,
“contados, pesados y divididos”.
En el año 2000, 66.000 religiosos oraban, pararrayos divino, enseñaban, sanaban,
alimentaban, vestían, visitaban cárceles y soledades…
En el año 2023, tras larga cura adelgazamiento, 22.000 religiosos hacen menos
obras de misericordia.
En el año 2050, quedarán, cálculo optimista, menos de 7.000
¿Son las estadísticas españolas mejores que las francesas?
Llegará el día, no sé cuán cerca está, en el que algún religioso, como el
profeta Elías, gritará:”He quedado yo solo como profeta del Señor, pero los
profetas de Baal son 450 hombres”.
Los números son dramáticos, pero dada la edad de los que quedan, se convierten
en agónicos. Más de 230 religiosas son centenarias y 14 frailes son también
centenarios y para el resto de sus hermanos, okupas en sus cenobios
militarizados, hasta las escaleras son un gran obstáculo.
Cada mes se cierran dos o tres conventos en Francia, a pesar de la importación
de frailes y de monjas del tercer mundo, estos no vienen a salvar el convento
sino a ayudar a morir en paz a sus hermanos.
El Estado, padre generoso y solícito, nos paga la estancia en los hospitales y
las medicinas, nos paga las escuelas y las vacaciones del IMSERSO y otras
propinas… y hace que algunos negocios de los frailes sean menos necesarios.
Los negocios materiales, a base de remiendos y de estrategias inverosímiles, se
pueden asegurar, pero el negocio de la Fe no hay seguro humano que lo cubra y el
seguro de Dios es muy caro y los CEOs no saben cómo pagarlo.
Los niños que, hoy, asisten a las escuelas de curas y de monjas, pueden pasar 12
años en el centro sin ver a un cura o una monja.
“God is of no importance unless He is of supreme importance”.
“The task of religious teaching is to be a midwife and bring about the birth of
the question”.