El
Martirologio Romano, Catálogo Oficial de la Santidad universal, incluye a los
“santos” del Antiguo Testamento y los del Nuevo Testamento.
La santidad pertenece a la esencia de Dios, los hombres y las mujeres que han
vivido en la amistad de Dios, con o sin el título de “santos”, todos participan
de la misma gracia y la misma gloria.
La santidad de las criaturas no admite grados. El Top Ten de los “santos” no ha
lugar.
La epacta, el Calendario Litúrgico, el que los curas consultan diariamente, tan
importante a la hora de elegir el color de los ornamentos, la misa de pastores o
de mártires, las lecturas bíblicas, la consulta a Google para poder decir algo
de San Hegesipo o de San Datian…en ese calendario los personajes del Antiguo
Testamento cuyos nombres en el Martirologio Romano van precedidos con el título
de “santo” NO son celebrados.
¿Razones teológicas profundas? ¿Tal vez no son de los nuestros?
El teólogo Marción quiso eliminar el Antiguo Testamento y su Dios violento y
matón. Marción no existe, pero su espíritu sigue aún presente en algunos
cristianos.
Yo pediría que Isaías, profeta y poeta, el del Mesías davídico, el de la
virginidad de María, el de los tres astrólogos de oriente, el del gran banquete
al final de los tiempos, cuya fiesta según el Martirologio Romano es el 9 de
mayo fuera celebrada con carácter de Fiesta.
San Pacomio, San Geroncio, San Hermas, Santa Luisa de Marillac,celebrados el 9
de mayo, pueden hacer mutis por el foro y permitir a San Isaías llenar el
escenario.
San Malquisedec, Rey de Salén, sacerdote sin árbol genealógico, hombre perfecto,
con su ofrenda de “pan y vino” ha conseguido el título de santo y ser incluido
en el Martirologio Romano. Su fiesta es el 26 de agosto con novena incluida.
San Moisés, el que hablaba con Dios cara a cara, el de las Diez Palabras, el más
grande de todos los personajes del Antiguo Testamento, sin rostro, sin
santuario, sin turistas que lo piropeen, sin odas y elegías, sólo de Dios y para
Dios, su fiesta, el 14 de septiembre, ignorada, inexistente.
San Jeremías, mayo 1. San Elías, julio 20. Samuel, agosto 20. Abrahán, octubre
9.
San David Rey, homicida, fornicador, el que escuchó la acusación del profeta
Natán: “Ese hombre eres tú”. Su fiesta en el Martirologio Romano es el 9 de
diciembre. La Biblia, libro para nosotros y sobre nosotros, no niega sus
barrabasadas, las magnifica, la ñoñería de la santidad espiritualizada no está
en la Biblia.
Los cosidos a la epacta, la pequeña espiritualidad de los cenobios y sacristías,
invitados a celebrar la santidad del Tú Solo Santo.
Una queja tengo yo contra el catálogo de los “santos” del Martirologio Romano.
El 10 de mayo figura en su lista SAN JOB.
“Érase una vez un hombre llamado Job en la tierra de Hus”, así comienza esta
novela corta de 42 capítulos.
El hombre más rico de oriente nunca existió dicen los estudiosos judíos y
cristianos.
Job como el Quijote, como Hamlet y hasta como la magdalena de Proust nos enseñan
grandes lecciones, las verdades existenciales son siempre válidas, actuales, las
históricas pasan, son polvo museístico Job es uno de mis libros favoritos lo leo
y releo continuamente y, a veces pienso, que no necesita el final feliz que pone
punto final a su existencia.
Job es uno de tantos santos que nunca existió. Cristóbal y otros 92 santos.
algunos verdaderas celebridades procesionadas y pulpiteadas, se cayeron del
calendario litúrgico después del Concilio Vaticano II..
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.