La Misa Dominical. La de doce, cantada, rezada, la del Pueblo de Dios…
NO, dice el viejo cura, más piadoso que virtuoso, “Mi Misa”, la Mía que no me la
toquen.
Existen aún curas que sólo usan un pronombre, YO.
“Lograr, en determinados momentos, ya no tener que decir YO”. Sabio consejo,
ascetismo evangélico, que los clérigos castos no acaban de asimilar.
Sólo el YO de Dios es absoluto y absolutamente necesario. El del cura de “Mi
Misa” es un yo pordiosero, lastimero y ridículo.
Durante siglos “Decir Misa”, rutina tridentina y clandestina, carecía de
glamour. En los conventos cinco curas, en cinco altares, con cinco monaguillos
de ocho años decían su misa.
Les costaba más trabajo revestirse y murmurar las oraciones que acompañaban a
cada prenda que decir la misa, monólogo interrumpido por alguna respuesta
latinizada del monaguillo.
La casuística ritual y litúrgica era inexistente. Todo estaba perfectamente
regulado. El ritual, gestos y palabras, era inmutable. Todo rápido, express, en
todos los rincones del mundo.
“Pueden los sacerdotes concelebrar la Eucaristía, a no ser que la utilidad de
los fieles requiera o aconseje otra cosa, permaneciendo, sin embargo, la
libertad de cada uno para celebrar i n d i v i d u a l m e n t e la Eucaristía,
pero no mientras se está concelebrando en la misma iglesia u oratorio”. Canon
902 Hoy, tiempo posconciliar, el ritual adelgazado, los ornamentos minimizados,
los gestos simplificados, la seriedad y el hieratismo triste de los mosaicos
desmitificados, las distancias acortadas, las misas clandestinas
desaparecidas…la misa ha recuperado una nueva dimensión, cercanía brutal y
festiva.
De la misa individual, necesitada de la presencia de al menos una persona, sabia
exigencia, todas las oraciones de la misa están en Primera Persona del Plural,
desde el solemne OREMOS inicial hasta el ITE Missa est, todo rezuma comunidad,
pueblo, fieles.
La Última Cena, Primera Misa, sin la presencia de los doce apóstoles, el “haced
esto”, do this in memory of me, no habría sido ni útil ni necesario.
El Código de 1983 eliminó la obligación de tener el “monaguillo”, una persona
que responda, para que el cura celebre “Mi Misa”, en mi oratorio. El Nosotros
está eliminado, sólo queda el maldito YO.
Las misas privadas han disminuido dramáticamente a causa de la concelebración.
Son muchos los que piden que se multipliquen las “misas privadas” para que se
multiplique el culto, argumentan que el celebrante, optimismo místico, no está
solo, el coro de los ángeles y la corte celestial llenan la vacía iglesia.
Los guardianes de la ortodoxia piensan que exigir y mandar la concelebración es
una violación de los derechos del sacerdote. Algunos sacerdotes se sienten
minusvalorados en la concelebración al no presidir casi nunca “Mi Misa”.
La misa concelebrada por 50 sacerdotes es sólo una misa, pero la buena noticia
según los cánones, es que cada uno la puede aplicar por una intención y cobrar
las 30 monedas de plata.
El Jueves Santo, día de la Primera Misa, no puede haber “misas privadas”. La
concelebración is a must.
Qué alegría sentarse en un banco como miembro del Pueblo de Dios y celebrar el
Banquete del Señor!
Me acuso de no haber celebrado ninguna “misa privada” y mucho menos en latín.
“Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno. Vete en paz. And don’t even think
of…
“Lo simbólico como un medio en el que se genera y por el que se transmite la
comunidad está hoy, con toda claridad, desapareciendo. La pérdida de lo
simbólico y la pérdida de lo ritual se fomentan mutuamente”.