“Unidos
por un Libro” es mucho más que una gran idea para unir a los habitantes de una
ciudad o a los socios de una biblioteca en torno a un Libro que se lee y
comenta, es ocasión de unirlos para dialogar sobre un problema o un tema de
actualidad que necesita un diagnóstico comunitario. ¡Qué hermoso, todos en la
misma página!
Nosotros, los católicos, los que nos reunimos diariamente para celebrar la
Eucaristía, durante la cincuentena de Pascua, estamos “Unidos por un Libro”, los
Hechos de los Apóstoles, crónica novelada de los primeros años, de las primeras
andanzas de los primeros discípulos de Jesús, los que seguían el “nuevo camino”
del nuevo Maestro.
En todos los grupos humanos cada día tiene su afán, su problema y su solución.
“Todos tenían un solo corazón y una sola alma” leemos en las primeras páginas
del Libro.
Picnic campestre, todos alegres, todos super satisfechos, todos incluidos, todos
alabando al Señor, pero desgraciadamente los picnics sólo duran un día.
El primer gran problema se presentó cuando Santiago, “el hermano de Jesús”, y
los de su partido irrumpieron en el picnic con pancartas y al grito de : “NO
circuncisión, No salvación”.
“Esto provocó un altercado y una violenta discusión”. Hechos 15,2
Gran bronca en el cenáculo, discusión de muchos decibelios entre Pablo, abogado
de los gentiles, de los No circuncidados, del picnic para todos, y Santiago,
abogado de los cien por cien judíos, de los Sí circuncidados, de los uncidos al
yugo de la Torá.
Problema que no solucionó del todo el mini concilio de Jerusalén. Las cartas de
Pablo, Romanos y Gálatas, son una continua protesta contra la visión estrecha de
los judaizantes.
En las siete Cartas del Apocalipsis -la Sinagoga de Satanás- respiramos los
aires de la rebeldía profética, sin nombrarlo Pablo sigue presente.
“Unidos por un Libro”, unidos por Jesucristo, el “Camino” y la solución ideal,
pero sabemos que a la vuelta de la esquina encontraremos un nuevo problema.
El grito de “No circuncisión, No salvación", con el paso del tiempo se convirtió
en “No católico, No salvación". La afirmación de San Cipriano, Extra Ecclesiam
Nulla Salus, Fuera de la Iglesia no hay salvación, la hemos sobado y saboreado
durante muchos años. El Concilio Vaticano II la redefinió y la desterró.
Érase una vez una señora muy católica y muy de santos, falleció y subió al
cielo. San Pedro, Conserje Mayor, la recibió y le dio un tour por el cielo.
En el primer salón sonaba música gospel. Ahí, le dijo San Pedro, celebran los
evangélicos, son muy ruidosos y hacen mucha bulla para el Señor.
Escucha el gong, esos asiáticos, al son del gong, silabean sus mantras.
A los luteranos alemanes les gusta mucho Bach.
Esa canción la conozco yo, dijo la señora. Sí, le dijo San Pedro,esos que cantan
son españoles y algunos son de su pueblo, se pasan el día cantando las canciones
de Gabaraín.
Después de un largo recorrido llegaron a un salón donde sólo reinaba el
silencio. Callémonos, ahí están alojados los católicos tridentinos, creen que
están solos, piensan que son los únicos salvados.
El último salón, sorpréndase señora y no se escandalice, está vacío. Según
Orígenes de Alejandría, deslumbrante teólogo, Dios lo reserva para los demonios
que serán salvados cuando el reloj del Fin del Mundo dé las 12.
La salvación no es cosa de hombres, sólo Dios salva. Caso cerrado. Problem
solved.
El Papa Francisco, en una reunión de familia con los jesuítas de Hungría, les
confesó su frustración. No entiendo la resistencia que existe en la Iglesia,
clérigos y laicos, contra el Concilio Vaticano II.
“Enfermedad nostálgica” es como Francisco llama a este problema, deseo de meter
la marcha atrás y volver al pasado.
Existe “un increíble restauracionismo” Francisco dixit, pero el problema no se
soluciona con sus prohibiciones.
Pide a los sacerdotes celebrar la Misa según el rito adoptado por el Concilio
Vaticano II, y a los nuevos consagrados les prohíbe celebrar la Misa Tridentina.
Por más que algunos quieran magnificar el problema, parafraseando a Trump sueñan
con su eslogan: Make The CHURCH Great Again, lo ritual y lo cultual será siempre
un problema menor.
Trento no acaba de morir y el vino del Concilio Vaticano II no acaba de
fermentar.
La teología feminista y la teología queer no son ni problem ni solución, son dos
miuras nuevos que hay que lidiar con sabiduría y paciencia.
El problema vocacional es el gran problema de la Iglesia y de la Vida Religiosa.
Hoy no vamos de problema en problema, vivimos con un problema que puede y que
ciertamente acabará con muchas instituciones.
Diócesis, frailes y monjas, en silencio y con más resignación que con audacia,
contemplamos el último capítulo de una serie que llega a su fin.
El Ebro seco, los pantanos vacíos, las tierras secas, agrietadas, feas, son
metáforas de seminarios y conventos vendidos o abandonados.
El problema no se soluciona bajando a Egipto en busca de víveres ni...