“A
las palabras de amor les sienta bien su poquito de exageración”. A. Machado
A las miradas hacia atrás, urna de cenizas desmemoriadas, les sobra todo, y les
falta imaginación y virilidad.
Lo ví en diferido, otros lo vieron en directo, un hombre mayor, un abuelo,
robando una pelota de baseball a un niño que, por azar, atrapó en su guante la
bola de un home run.
El hombre, avergonzado que no arrepentido, ante el clamor viral, devolvió la
bola a su pequeño e indefenso dueño.
La bola de un home run de un pelotero famoso, Juan Soto por ejemplo, es
coleccionable, es una reliquia, tiene un precio.
Todo es coleccionable, desde los vestidos de Lady Di al prepucio de Napoleón
pasando por las guitarras de los Beatles y las bolas de Shohei Ohtani…
A lo efímero le sienta bien, no un poco sino un mucho de exageración, quiere
también la eternidad.
En un ayer lejanísimo, antes de lo viral, el negocio de las reliquias de lo
santo y de los santos era tan cotizable como el de la seda. Las falsas abundaban
más que las auténticas. Tenemos dos cabezas de algunos santos, felices ellos,
tenían el don de la bilocación.
Ser famoso era y es una desgracia, te mueres y tus fans te trocean, se reparten
tus vestidos y tu pelo y tus joyas y vacían tu cuenta bancaria. Te roban y se
apropian hasta de tu nombre. No eres tú. Eres una leyenda más.
Extasiarse ante “un mechón de pelo juvenil”, encerrado en un relicario de plata,
banalidad espiritual, exageración turística, es veneración insustancial de lo
inesencial.
Exhibir el hábito del P. Pio en una vitrina parroquial o en un escaparate de la
Quinta Avenida es un evento para coleccionistas de selfies, para consumidores de
los inesenciales de la pequeña religión.
“Me gustaría viajar por todo el mundo para predicar el evangelio” escribió en su
diario Santa Teresa de Lisieux. Y la verdad es que lo ha conseguido. Sus huesos,
sin pasaporte pasan las aduanas, y se pasean por el mundo.
En 1999 sus reliquias fueron veneradas por más de un millón de católicos
americanos, setenta y cinco mil en un solo día. ¿Predicó el evangelio en un
revival post mortem?
Este otoño, la santa más grande de los tiempos modernos, recorrerá otra vez 11
estados de la Unión. Cuarenta iglesias, cuarenta stops, larga procesión por el
país necesitado de más paz, de más santidad y de menos National Guard.
¿Calmará tu presencia silenciosa la fiera de “boca grandilocuente y blasfema"?
Y pronto, 800 años después de la muerte de Francisco de Asís, abrirán su tumba y
contemplarán sus restos mortales o ¿un poco de polvo?
Favor de dejar a los muertos en paz.
“Jesús dijo: Quiten la piedra”.
Marta le contestó: "Señor, ya tiene mal olor, lleva 800 años muerto”.
Dejen que el Señor levante todas las losas y su amor despierte a sus hijos.
Los santos mitineros o misioneros, signo de los tiempos, se movilizan para
apuntalar ideologías autoritarias y guerreras. ¿Está Dios al servicio del César
y de los caprichos humanos como quieren algunos súper líderes? La santidad tiene
ramificaciones políticas, todo es coleccionable y contaminable.