xº

Catálogo 2023

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

.  

 


“Confiamos,
en que no será verdad
nada de lo que pensamos”.

Buzonear, cegar los buzones con catálogos comerciales, ofertas de Lidl, ofertas religiosas: boletines parroquiales, eventos evangélicos, novenas y vigilias marianas…se ha acabado.

No sólo hemos dicho adiós a los Catálogos de papel, Google elimina el papel y oferta todo lo que existe y existirá, sino que hemos dejado lo importante, “apprivoiser”.

“Les grandes personnes sont décidément bien bizarres” concluye Le Petit Prince.

La tolerancia, virtud laica y laicista, tienen un altar en la sociedad de hoy. Cada ser humano, un planeta donde il n’y a pas de place pour deux.

Ayer, ocupación malsana, yo que detesto los cementerios de los libros y legajos olvidados, polvo que enferma, me entretuve picoteando el Catalogus Generalis de la Ordo Scholarum Piarum. (a.d.1 octobris 2023)

No es la primera vez que me asomo al Catálogo de la Provincia, ayer de Aragón, hoy de Emaús.

Hoy no me interesa la geografía ni el origen de los religiosos catalogados, me interesa el número y las edades de los religiosos.

Siempre fue verdad la afirmación de Juan el Bautista: “Conviene que ÉL crezca y que Yo disminuya”.

Herejía númerica. Conviene que nosotros crezcamos aunque ÉL disminuya.

El dedo de Juan el Bautista señalaba a ÉL, a Jesús. Nuestro dedo, el dedo de todas las órdenes religiosas, señala a la institución, herejía invertida y pervertida.

La veleta del evangelio es fija, la veleta de la sociedad, de las modas, de lo último, gira y gira sin parar.

Los CEOs de la cosa buscan sucedáneos, se disfrazan de ONGs, acuñan eufemismos y tolerantes y acomodaticios camuflan el original y alborozados celebran el invento.

Los hechos son tozudos, las opiniones, salterio secularizado, bendicen, maldicen, ayer letanías de la abundancia, hoy letanías de la escasez, unas predican el final, otras invitan a la calma, no se paniqueen, Dios proveerá, Dios escribe derecho con renglones torcidos…

Job, el hombre más rico de oriente, tenía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y otras quinientas de burras y diez hijos. Por una cómica apuesta entre Dios y satán, uno de los hijos de Dios, se quedó sin nada. Sólo le quedó su Goel, su Redentor.
“Yo sé que mi Redentor vive”. Job 19,25

Las congregaciones religiosas, ayer más ricas que Job, ven como sus yuntas de bueyes día tras día se van mermando y se asoman al vacío. Bildad, Elifaz y Sofar, siete días y siete noches, en silencio, lloran y comentan. Teología del pecado.

Las personas mayores, guardadas en residencias bien reglamentadas, su Goel en el retrovisor, ven televisión, bostezan, rezan, miran a la bóveda estrellada y celebran el último STOP.

Me he olvidado del Catálogo del gallinero de Emaús que he picoteado distraídamente.

Un escolapio nacido en 1923, otro en 1929, más 23 de la década de 1930, -los Nonagenarios- son cartas descartadas de la baraja.

Los nacidos en la década de los 40, -los octogenarios- suman 41, cartas de la baraja que aún suman algún punto.

La década de los 50, 18 setentones, religiosos alegres, fuertes, con ganas de trabajar y de servir a la institución, cartas válidas en cualquier baraja, ni montan, ni cantan las 40.

De los 16 de la década de los 60, unos suspiran por la total jubilación, otros maldicen su condición de suplentes, calientan el banquillo, ases sin equipo, buscan otra baraja.

10 under age, décadas de los 70 y 80, cartas de la baraja para partidas ocasionales, comodines para salir de apuros.

La década de los 90 vacía y vaciada, “con las lluvias de abril y el sol de mayo” espera parir algo más que viento.

La partida de guiñote terminó. La Quiete murió. Las discusiones acaloradas sobre si hay que recibir el País o el ABC, si es dogma que los declarados santos están o no están en el cielo, discusiones necesarias y nutritivas, se acabaron.

Tiempo nuevo, oír, ver y callar.

(la procesión va por dentro, nunca hemos sido tan obedientes)