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Basuras

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

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Los hombres del siglo XXI, “dioses que cagan”, producen millones de toneladas de basura que desparramamos por tierra, mar y aire.

El Everest, montaña mítica, divinizada y soñada, hasta ayer incontaminada y pura, hoy, pisoteada y profanada, los dioses han huido de su cima y los turistas, más deportistas que poetas, la han conquistado y en pueracado y convertido en un inmenso basurero.

Cuanto más civilizados nos creemos, más generadores de basura y más consumidores de lo no esencial devenimos.

El silencio, gran regalo de lo sagrado, no produce basuras, sólo nos regala paz y asombro.

El silencio no es huésped de las iglesias, Everest turístico, pantallas y bavardage incesante secan el alma.

Los monasterios, vientres del gran silencio, bajo el pretexto de estar “informados”, han abierto la puerta a lo digital y los verdugos han matado el silencio.

“Ahora queremos compartirlo todo con todo el mundo, lo cual conduce a un ruidoso tsunami de información”.

Este tsunami, como toada avalancha, crea confusión y desinformación.

Los ojos no se cansan de ver ni los oídos de oír dice el Qohelet, turismo de sillón, imagen tras imagen, tiovivo acelerado, matamos el tiempo y vaciamos el alma.

Todos en la misma página, todos alimentados en el mismo restaurante digital, salimos con el doggy bag que compartimos con los demás.

Consumidores de telebasura, de series, de imágenes, de Facebook…sin cribar y sin rechistar nos repetimos sin ton ni son.

Somos mucho más que consumidores de basura, somos también productores de basura. Queremos ser importantes, jugar a ser dioses, y echar nuestros dos céntimos en el contenedor de basura ambiental.

¿Cómo existir sin enviar mi último selfie junto a La Tour Eiffel, sin contar mi última hazaña, mi última celebración, el último aplauso?

Existo de verdad si soy visto en en la red y me convierto en una mini celebridad.

Si algo odio de todo corazón son los mensajes re-enviados “muchas veces”, son peor que el vicio solitario.

Hoy, gracias a la información, basura barata, todos somos filósofos, teólogos, políticos, verduleros de mercadillo, reciclamos nuestros excrementos y los aireamos en la Plaza Mayor.

Olvídense de los confesionarios, que se llenen de telarañas y las termitas se los coman.

La radio, la tele y las redes sociales son los verdaderos confesionarios, ahí se exhibe no sólo el alma sino los cuerpos davídicos y las venus del espejo.

¿Quién no tiene o pertenece a un grupo de wasap para descargar a las 7 de la mañana su basura olímpica, áurea, plateada o bronceada?

Wasap, breviario del hombre de hoy, visitado, rezado y maldecido “muchas veces”, Inbox de basura cáquica.

Sólo los rascacielos, verticalidad acelerada, torres babélica, cierran sus ojos y miran a lo alto, la verticalidad del espíritu da vértigo.

A la vida contemplativa, arrodillada, silenciosa y agraciada, le pedimos que no caiga en la tentación de “producir basura”, “no hay que dar lo santo a los perros ni echar las perlas a los cerdos”. Mt 7,6

A los artículos que descargo en mi portal “parroquiadelmundo.org” los llamo “mis eyaculaciones precoces”, inspirados en un texto, en una palabra que da a luz a nuevas palabras, otras veces son producto de una exhalación ansiosa.