Nueva York, 11 de Septiembre, 2001, ensayo de Armageddon, una voz fuerte y
entrecortada informaba a los viajeros que, en el andén del metro de la calle
125, esperaban al tren A, que todos los viajes quedaban suspendidos.
Yo estaba en ese andén, esperando ese tren, tenía cita con mi dentista en el
Rockefeller Center.
Ya en la calle, los rumores, los gritos y los nervios de los ciudadanos nos
sobresaltan y nos invitan a mirar al sur de Manhattan.
“Y el humo de su incendio sube por los siglos de los siglos”. “Y pisará el lagar
del vino del furor de la ira de Allah todopoderoso”. Vemos el humo denso y
oscuro que sube, pero no intuimos la dimensión de la tragedia, ignoramos el
final de las Twin Towers y de sus moradores.
Nine Eleven, Septiembre 11, 2001, día, mes y año que cambió América, cuyas
sacudidas se sienten hoy. Armageddon tras Armageddon hasta la batalla final.
Dos días más tarde, el director del Heraldo de Soria me pedía mi reacción, una
crónica desde el Ground Zero de la noticia.
Fue mi primer Artículo, artículo inspirado que no conservo, y me gustaría
re-leer.
Todos los martes, a partir de ese Artículo, bajo el título CREENCIAS tenía cita
en el Heraldo de Soria.
Muchos de los Artículos, actualidad remendada, opiniones frívolas unas,
atrevidas y discutibles otras, versan sobre convicciones profundas que no me han
abandonado y que he sembrado, no para cambiar a nadie sino como ejercicio
penitencial, como una de tantas tareas biológicas, corporales. Unos frutos de un
borbotón, otros, estreñimiento con dolor.
Los curas de Soria, nacidos y ordenados antes del Concilio Vaticano II, “de
seminarios pequeños salen curas pequeños” decía el P. Clemente Domeño, Sch P,
más que sorprendidos, escandalizados elevaron sus quejas a la dirección del
Heraldo de Soria para que pusiera un stop a su publicación. Finalmente lo
consiguieron. Pero no mataron la ilusión.
740 Artículos, conversaciones con mi alma alejada de la banalidad del tiempo,
del futból, del chismorreo de los vecinos, de la sonora tabarra del me cago en…
del bar.
Entre ese puñadico de Artículos, punzadas en el escritorio, 30 versan sobre la
adicción católica a los “santos” y a las “reliquias” y a la “santidad”
superficie fina y brillante.
“Rebajas, se hacen santos”. “La maldición de la perfección”. “La Fábrica de los
santos”. Estatuas, escayolas…rituales que se resisten a morir.
Recrearse en la imperfección del ser humano y cantar aleluyas es un don de Dios.
Las monedas defectuosas, muchas veces, son más valiosas que las que están en
circulación y hasta son coleccionables y objetos de museos.
La pequeña “y” es valiosa y absolutamente necesaria en las cosas de la carne y
del espíritu. Imperfección y Perfección, las dos caras de la misma moneda.
Me rebelo contra la extraterrestre expresión “ heroicidad de las virtudes”
exigida a los diplomados en la asignatura de la santidad. La única heroicidad
que existe es liberar las “energías libidinosas” para ocuparnos del mundo y de
sus habitantes.
Recuerdo haber leído, y nunca creído, el pensamiento profundo y herético del
Kempis: “Cada vez que estoy con los hombres me vuelvo menos hombre”, - ¿o menos
santo?- Los otros, su presencia, su contacto, nos hacen “santos”, holy men.
Sermoneamos contra el culto, veneración, a las celebridades, esas personas que
tienen virtudes heróicas en sus especialidades, mientras incensamos,
procesionamos, besamos, cantamos y rezamos a las nuestras.
¡Qué fácil nos resulta justificar la pequeña idolatría!
No tengo un Club de Fans, pero seguro que Eliseo ha leído los 740 Artículos y el
P.Thomas ha predicado todas las homilías.
Algunas secciones de mi portal están ya clausuradas. La sección homilías sigue
abierta, ahora en inglés, pero es homework ineludible, tarea a la que los curas
dedicamos, pecado grave, cuasi mortal, nunca confesado, muy poco tiempo.
La sección Artículos, eyaculaciones precoces con encanto o con duro
estreñimiento, sigue abierta. Hay tareas físicas y espirituales, unas rumiadas
por los caminos y otras depositadas en el papel, permanentes hasta el THE END.