HOMILÍA - PARA LOS TRES CICLOS

  Solemnidad: Natividad de San Juan Bautista

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

Isaías 49,1-6; Hechos 13,22-26; Lucas 1,57-66.80

EVANGELIO

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: "No. Se va a llamar Juan". Le replicaron: "Ninguno de tus parientes se llama así". Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: "¿Qué va a ser este niño?" Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.
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HOMILÍA

Celebramos hoy la fiesta del nacimiento de Juan Bautista, del cual Jesús dijo: "Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan, sin embargo el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él".

Nosotros tenemos estadísticas para todo y para medir a todos: el hombre más alto y el más bajo, el más rico y el más pobre, el mejor y el peor vestido, el mejor y el peor predicador… pero ¿cómo medir a los servidores de Dios?

Cuando nació Juan Bautista la gente se preguntaba: "¿Qué llegará a ser este niño?"

El nacimiento de Juan era fruto de "la compasión manifestada por el Señor" y fue motivo de felicitaciones y de alegría para todos.

Dios siempre tiene algo que ver en el nacimiento de sus servidores y de todos nosotros.

Y en ese niño recién nacido había puestas muchas esperanzas. Por eso todos se preguntaban: "¿Qué llegará a ser este niño?"

"Al octavo día fueron al templo para cumplir con el niño el rito de la circuncisión y ponerle un nombre".

Querían llamarle Zacarías como su padre y ahí empezó la discusión. El nombre en la Biblia indica una vocación, un ministerio, una elección de Dios, un propósito; el nombre es ya en sí una buena noticia. El nombre es un mensaje y una manera de vivir.

Zacarías significa "Dios se acuerda", Isabel "Dios ha prometido". ¿Cómo llamar a este niño prometido a Isabel?

¿Cómo llamar a este niño ya que Dios se acordó de la oración de su padre?

Y le pusieron por nombre Juan que significa "Dios favorece".

Juan es el favor de Dios a una familia buena y Juan es el favor de Dios para un pueblo que siempre espera al Mesías, a Jesús, "el que salva".

Juan es el favor, la gracia, el puente que une el antiguo y el nuevo testamento.

Juan es el nombre de un hombre al que Dios va a usar para señalar al Cordero de Dios, para preparar el camino del Señor.

Decimos que en La Biblia un nombre sirve mucho más que para llamar a alguien, sirve para indicar el contenido y la misión de una persona.

¿Cuántos de ustedes llevan el nombre de sus padres?

¿Cuántos llevan el nombre del santo del día?

¿Cuántos llevan el nombre del artista favorito de su madre?

Juan Bautista, el favor de Dios, dejó que Dios lo usara y viviera en plenitud lo que su nombre significaba

Un nombre nuevo en la familia para un tiempo nuevo, para una vocación nueva.

Y cuando Zacarías, "Dios se acuerda", escribió "Juan es su nombre se le soltó la lengua".

Purificado de su pecado empezó a alabar a Dios y dejó impresionado a todo el vecindario.

Sólo los limpios de corazón son libres para alabar a Dios.

Sólo los purificados del pecado pueden ser gloria de Dios.

Sólo los creyentes se sienten a gusto en la casa de Dios y celebran la eucaristía como el gran favor de Dios.

Esta no es la fiesta de los mudos sino la fiesta de los que con su boca confiesan la misericordia y el favor de Dios.

Nosotros, humanamente hablando podemos ser fruto del amor verdadero o fruto de la casualidad, pero como cristianos podemos decir: Yo soy querido y amado por Dios y para Él soy muy importante.

Juan decía: "Él debe crecer, yo debo disminuir".

Esta es nuestra vocación cristiana, nuestra llamada: ser camino que lleva a Jesús, ser voz que anuncia a Jesús, ser luz que ilumina a Jesús.

En el mundo de Jesús no hay guerra de estadísticas, no existe ni el más importante ni el más santo. El mejor, el más santo, el más sabio y el único importante es Jesús.