HOMILÍA - PARA LOS TRES CICLOS

  NATIVIDAD DEL SEÑOR - Misa de Medianoche

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio ...

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 Escritura:

Isaías 9, 2-7; Tito  2, 11-14; Lucas 2, 1-14

EVANGELIO

En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.

Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo: -No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador; el Mesías, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

Gloria a dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

 

Pistas e historias para la HOMILÍA

Un feligrés dijo a su párroco: "Yo asisto a la Misa de Gallo para celebrar el gran escándalo".

¿Si usted fuera Dios se convertiría en un ser humano?

¿Acaso no sería mejor ser Dios en el cielo, esté donde esté y sea lo que sea ese cielo, que sumergirse en la sórdida condición humana con sus limitaciones y fracasos?

¿Cómo se puede contestar a este feligrés?

¿Cómo se puede celebrar este gran escándalo que es la Navidad?

Un amor grande y verdadero es siempre un gran escándalo.

Navidad más que una fecha del calendario, más que una fiesta reciclada por los grandes almacenes, es un gran escándalo, es la fiesta de un gran amor.

Nosotros, los cristianos, estamos llamados a reciclarla poniendo en el centro al protagonista de la fiesta: Jesucristo y su escandaloso amor.

 

Érase una familia que viajaba el día de Navidad. A la vuelta a casa pararon a comer. El restaurante estaba casi vacío.

Eric, un bebé de dos años, saludó con su manita y su parloteo a un vagabundo que allí se encontraba.

Hola, pequeño amigo, le dijo el viejo vagabundo. Y Eric continuó riendo y diciéndole cosas. Sus padres se sentían muy molestos y humillados y con unas ganas enormes de que aquel juego terminara.

Cuando fueron a pagar, Eric corrió hacia el vagabundo y descansó su cabecita en su hombro. Los ojos del hombre se cerraron y las lágrimas brotaron de sus ojos tristes. Sus manos arrugadas y sucias acariciaron al niño y le dio unas cariñosas palmaditas en la espalda. Después con voz firme le dijo a la madre: "Cuide bien a este niño. Dios les bendiga. Señora , me ha dado usted mi regalo de Navidad".

La madre corrió hacia el coche con Eric en sus brazos diciendo: Dios mío, perdóname.

Navidad está encerrada en esta historia verdadera. Y Navidad también es una historia verdadera.

Eric es Dios. El vagabundo somos nosotros.

Eric es el deseo y la pasión de Dios por cada uno de nosotros, pobres vagabundos con nuestras vidas rotas.

Eric es dos brazos decididos a abrazarnos.

Eric es el niño que no sabe de diferencias sociales y que quiere abrazar y charlar con el más pequeño de los hombres.

"La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros".

Si Dios no está con nosotros y no ha abrazado nuestras vidas rotas, no hay esperanza para nosotros.

Estamos aquí, en la casa de oración, a causa del amor y como los pastores nos arrodillamos y regocijamos ante el Emmanuel y Eric, Jesús, nos sonríe y abraza.

La Palabra se hace carne en los que sanan, perdonan, hacen justicia, comparten y son misericordiosos.

 

Dos hermanos de 8 y 10 años eran el terror del barrio. En todas las travesuras que en él sucedían, allí estaban los dos. Sus padres, agotada la paciencia, no sabían qué hacer con ellos.

Habiendo oído hablar de un cura que trabajaba con muchachos delincuentes, la madre le pidió que hablara con sus hijos. El cura accedió pero le dijo que quería hablar primero con el más pequeño. Y la madre se lo llevó.

El cura le mandó sentarse y quiso hacerle caer en la cuenta de que Dios está EN TODAS PARTES y lo ve todo.

Con el dedo apuntó al niño y le preguntó: ¿Dónde está Dios?

El niño no dijo nada.

De nuevo, el cura apuntó su dedo hacia él y le preguntó: ¿Dónde está Dios?

El niño no dijo nada.

Por tercera vez, con voz fuete y firme, con el dedo tocando casi su nariz le preguntó: ¿Dónde está Dios?

El muchacho se asustó tanto que salió corriendo hacia su casa.

Al llegar a casa se encontró con su hermano y subieron a la habitación donde planeaban todas sus maldades. Y le dijo: "Ahora sí que estamos metidos en un GRAN lío". Su hermano le preguntó qué quería decir con eso de un GRAN lío. Y éste le contestó: "No encuentran a Dios y piensan que nosotros lo hemos escondido".

¿Dónde está Dios?

La Navidad nos responde a esta vieja pregunta.

Dios no quiere quedarse en su pesebre. Dios quiere nacer en el pesebre de cada corazón.

 

MISHNA

 Se llamaba Mishna. Tenía unos ojos muy vivos y tendría unos seis años.

Cuando el educador contempló el pesebre que había realizado después de la explicación de la Navidad, quedó sorprendido al ver no un niño dentro del pesebre, sino dos.

Maravillado, llamó a un traductor para que le preguntara por qué había dos niños en su pesebre.

Mishna cruzó los brazos y, observando la escena del pesebre, comenzó a repetir la historia con mucha seriedad y para ser la primera vez que la había escuchado la contó muy bien.

Terminado el relato añadió: “Cuando María puso al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, y que no tenía ningún lugar a donde ir. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con él.

Le dije que no podía, porque no tenía ningún regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús. Y por eso pensé qué podía regalarle yo al niño. Se me ocurrió que tal vez como regalo le podría ofrecer un poco de calor. Y le pregunté a Jesús: si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Jesús me dijo que sí, que ese sería el mejor regalo que jamás podría recibir. Por eso me metí dentro del pesebre.

Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre”.

 

HOMILÍA 2

NAVIDAD CONTAMINADA

La Navidad de los humanos no es ajena a la contaminación que todo lo invade.

Todos los clérigos hacemos muchos reproches a la Navidad, la nuestra, no a la de Jesús.

La gente ya no felicita la Navidad, nos desea unas Felices Fiestas, fiestas de invierno, fiestas sociales, fiestas gastronómicas…pero sin protagonista predeterminado, sin Jesús.

Acabo de visionar una felicitación de un buen ex -alumno, un corto vídeo en el que desea Felices Fiestas en veinte idiomas mientras dos personas van decorando dos árboles de Navidad. Nada invita a pensar en la Navidad de Jesús. Felicitación para paganos, no para creyentes.

Todo lo que tocamos los hombres lo contaminamos y así la Navidad se comercializa, pierde el sentido original y religioso y se vive sin la pasión de Dios por el mundo y los hombres.

Los cristianos, nosotros los aquí reunidos, los que no hemos perdido aún la memoria pasamos de la guerra de la Navidad contaminada y nos centramos en la Navidad de Jesús.

“El lugar de Dios es el mundo” dice el P. Chenu. Y cuando llegó el momento culminante Dios pronunció una palabra, sólo una, Jesucristo. Y esta palabra llena la Navidad, la primera, la de Belén, la del gran escándalo del amor de Dios, y todas las Navidades que celebramos a lo largo de la historia.

Dios quiere estar entre nosotros y se hizo presente no por medio de una carta anónima o de un representante insípido sino que vino en persona, en Jesucristo.

Es el misterio de la Encarnación. Hacerse carne, la nuestra, y nació de María. Dios necesitaba y quería tener un cuerpo.

Dios quiso demostrarnos que ser humano, con todas las limitaciones que conlleva, bien pensado no es tan malo.

Al compartir nuestra vida, lo sepamos o no, lo queramos o no, introdujo en el mundo un espíritu nuevo, un programa nuevo.

En una ocasión un cura visitaba a una familia y al abrir el ascensor encontró un niño de siete años con su mochila sentado en el ascensor.

¿Qué haces ahí sentado? Es que no doy el peso, contestó el niño. Entonces el cura cayó en la cuenta de que hay ascensores que no funcionan con un peso menor de 25 kilos.

El cura pulsó el ascensor y ambos subieron a sus casas.

Esto es también la Navidad. Los hombres no damos el peso para ascender a lo alto, para subir hasta Dios. La Navidad es Dios que baja hasta nosotros para que juntos podamos ascender hasta la casa de Dios.

Dios con nosotros en esta Navidad de la crisis nos invita a vivir la religión de Jesús, su Año de Gracia, su amnistía de todas nuestras deudas.

Todos hemos contaminado la Navidad de Jesús con la superficialidad de nuestras ideas raquíticas, nuestros ritos sensibleros, nuestras felicitaciones vacías…

Hoy es la noche y el día de recordar, acoger y meditar la única palabra pronunciada por Dios desde el principio: Jesucristo.