MONICIONES Y ORACIÓN DE LOS FIELES - CICLO A

 Trigésimo tercero Domingo del Tiempo Ordinario

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; 1 Tesalonicenses 5, 1- 6; Mateo 25, 14-30

ENTRADA

Bienvenidos todos a la celebración de la Eucaristía.

Termina el año litúrgico y es tiempo de rendir cuentas.

¿Estamos preparados para abrir el libro de nuestra vida ante Dios?

Hoy, vamos a escribir una nueva página que comienza con nuestra alabanza y presencia en la casa del Señor.

Celebremos con gozo el día del Señor y sintamos la mirada y el juicio amoroso de Dios sobre nuestras vidas.

Entonemos el canto de entrada.

PRIMERA LECTURA

No nos dejemos engañar por las apariencias, nos dice la Palabra de Dios.

La verdadera esposa del hombre es la sabiduría que nos acerca a Dios y nos abre con sinceridad a los hermanos. Son muchos los beneficios y las gracias que podemos disfrutar si confiamos en Dios.

Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.

SEGUNDA LECTURA

Pablo recuerda a todos los cristianos que la venida final de Jesús es impredecible.

El Señor viene. Vivimos en la espera. Una espera llena de paz, confianza y luz. El cristiano no tiene miedo al Día del Señor porque vive en el amor de Dios y de los hermanos.

Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.

EVANGELIO

Vamos a proclamar la parábola de los talentos, del trabajo, del servicio, de la creación.

Todos hemos recibido algún don pero no todos lo hemos puesto al servicio de los otros.

Todos hemos recibido el don de la vida pero no todos hemos trabajado para hacer la vida más humana, más feliz, más amable.

Escuchemos la proclamación del evangelio.

ORACIÓN DE LOS FIELES

  1. Oremos por los pastores de la Iglesia para que pongan al servicio del pueblo de Dios las gracias y talentos que Dios les ha confiado.

  2. Oremos por los líderes de las naciones para que socorran a los hambrientos y a los refugiados.

  3. Oremos por los enfermos de la parroquia, por los que tienen miedo al fracaso y no actúan, por los que se sienten solos y no queridos, por los que lloran la muerte de un ser querido.

  4. Oremos por los difuntos de la parroquia y (nombres…) para que el Señor les conceda la paz, el descanso y la vida eterna.