HOMILÍA DOMINICAL - CICLO A

  Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

Éxodo 22, 20-26; 1 Tesalonicenses 1, 5-10;
Mateo 22, 34-40

EVANGELIO

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: -¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo: -“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

 

HOMILÍA 1

Érase una vez un rey que no tenía hijos para sucederle y puso un gran anuncio en los periódicos invitando a los jóvenes a solicitar la adopción en su familia. Sólo se requerían dos condiciones: amar a Dios y amar al prójimo.

Un muchacho campesino quería, pero no se atrevía a presentarse porque iba cubierto de harapos. Se puso a trabajar, hizo dinero, compró ropa nueva y se puso en camino para intentar ser adoptado por la familia del rey.

Cuando ya estaba llegando al palacio, se encontró con un mendigo que tiritaba de frío. El joven campesino se conmovió y le dio su ropa nueva. Vestido de harapos, le parecía inútil continuar pero decidió terminar el viaje y llegar al palacio. Llegó y todos los empleados se burlaban de él. Finalmente fue admitido a la presencia del rey.

Cuál no fue su sorpresa cuando vio que el rey era el mendigo del camino y que vestía las ropas que le había regalado.

El rey bajó de su trono, abrazó al joven y le dijo: “Bienvenido, hijo mío”.

Dios Padre es ese rey que bajó de su trono, se vistió con nuestras ropas, nuestra carne, y nos dijo y sigue diciendo: Bienvenidos, hijos míos.

Jesús, el Dios hecho hombre, el Cristo, el ungido, el Salvador, el hombre para los demás y el maestro, es sometido a una nueva entrevista por los reporteros del Jerusalem Post y del Heraldo Soria.

Jesús, ¿qué opinas, de los 613 mandamientos de la Ley, cuál es el más importante?

¿Conocía Jesús esos 613 mandamientos? No lo sé. Sí sabemos que, a veces, algunos se los pasaba por alto: curaba en sábado, perdonaba pecados, comía sin lavarse las manos, se dejaba acariciar por la mujer pecadora, permitía que sus discípulos no ayunaran…

Jesús sabía que entre esos 613 mandamientos había unos más importantes que otros.

Jesús sabía que entre esos 613 mandamientos había uno que era tan importante que aunque se cumplieran los 612 si no se cumplía ése de nada servía la observancia y el cumplimiento de los 612.

Jesús sabía que su Padre es amor, que él vino para mostrarnos el amor en acción y que el Espíritu Santo es la fuerza del amor en nosotros.

Y escogió dos textos de la Palabra de Dios para responder a los reporteros de los periódicos: “Amarás al Señor tu Dios”…Deuteronomio 6,5 y “Amarás a tu prójimo”…Levítico 19,18

“Toda la Ley y los Profetas se resumen en estos dos mandamientos. En este único mandamiento. Recuerdan la “imagen” del César en las monedas y la “imagen” de Dios en cada ser humano?

A Dios se le ama en lo concreto, lo tangible y palpable y lo palpable y visible es el ser humano, imagen de Dios, hijo de Dios. La originalidad y la novedad que Jesús introdujo en la historia de las religiones y de los hombres fue unir en uno sólo estos dos mandamientos. Jesús no los inventó, pero sí los unió en uno sólo.

El amor es uno, es único y es glorioso como el rostro de Dios.

El cristiano ya no vive bajo el signo de Aries o Piscis sino bajo el signo del amor tal como lo vivió nuestro maestro Jesús.

La última tentación de Jesús no fue el amor de una mujer, su última tentación fue la cruz y se abrazó a la cruz por amor a todos nosotros.

Por amor se hizo hombre.

Por amor se hizo obediente.

Por amor pasó su vida haciendo el bien a los oprimidos.

Por amor derramó su sangre.

Por amor se quedó en la eucaristía.

Por amor y para amar nos dio el don del Espíritu Santo.

Por amor y para vivir en el amor vendrá a buscarnos en el último suspiro de nuestra vida.

La vida de Jesús no tiene sentido sin la pasión y la voluntad de amar. La Biblia es la carta de amor más hermosa que tenemos, es la historia de amor, de un amor, del gran amor de Dios.

Ustedes me dirán, padrecito, todo eso ya lo sabía. No ha dicho nada nuevo. O sea que ya puede poner el punto final.

Déjeme decir una cosa porque no ha caído aún en la cuenta de que usted “no sabe amar”. A lo mejor no ha batido aún el record de ese famoso deportista que presume de haberse acostado con más de veinte mil mujeres, pero “usted no sabe amar”.

Usted que tiene tiempo para ir al fútbol y jugar al golf y…

Amar es dedicar tiempo a quien se ama.

Amar es estar al servicio de quien se ama.

Amar es escuchar el grito de quien se ama.

Amar es sacrificarse por quien se ama.

Amar es dar la vida por quien se ama.

En la sociedad en la que vivimos el amor se ha convertido en un artículo de consumo: amor de telenovela, amor de playboy, amor de vacaciones, amor de una noche…

El amor en la Iglesia y para sus seguidores es una responsabilidad, responsabilidad de crecimiento personal, de crecimiento en el conocimiento y en el amor de Dios y de los hermanos.

Sólo el que deja entrar a Jesús en su vida sabrá y podrá amar como Jesús.

Sólo el que se deja transformar por el Espíritu Santo entenderá y sabrá amar como Jesús.

HOMILÍA 2

DISPUTAS SOBRE RELIGIÓN

Las disputas sobre religión son siempre apasionantes y apasionadas.

Todos creemos tener razón, estar en posesión de la verdad y ser los auténticos poseedores e intérpretes de la Palabra de Dios. La soberbia humana es tan grande e ignorante que pretende sustituir a Dios.

Gracias a tantas disputas y luchas hay evolución en el conocimiento de Dios y, desgraciadamente, también hay múltiples rupturas y divisiones entre las iglesias.

Cuentan que un hombre de negocios de una remota región en las montañas de los Apalaches viajó en los años 1800 a la gran ciudad. Cual no fue su sorpresa al contemplar una máquina que hacía hielo.

Esas máquinas eran un invento reciente. Pensó que era un invento fantástico porque así podría tener hielo durante los calurosos veranos.

De regreso a su pequeña comunidad contó a los feligreses de su iglesia Baptista el invento que había visto con sus propios ojos.

Al cabo de un mes la iglesia se había dividido en dos iglesias, la de los Baptistas que creían en la máquina de hielo y la iglesia Baptista sin hielo.

Hacer hielo en verano era ir contra el orden natural establecido por Dios. Si Dios hubiera querido habría puesto las condiciones para que se hiciera naturalmente, no artificialmente.

Nos suena ridículo, pero muchas de las disputas con las que los cristianos nos hemos entretenido y excomulgado durante siglos, la del filioque por ejemplo, suenan también a disputas estériles y vanas.

Que sabrán los teólogos y los hombres del misterio de la Trinidad, de la intimidad de Dios.

En el evangelio de este domingo un maestro de la Ley quiso poner a prueba, una vez más, los conocimientos legales y teológicos de Jesús.

Las disputas de Jesús con los hombres religiosos, los teólogos de su tiempo, son siempre disputas sobre religión.

Maestro, le preguntó, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?

Jesús tenía 613 mandamientos en el Antiguo Testamento para elegir.

Jesús había ignorado algunos y otros los había quebrantado.

Jesús no era esclavo de la Ley ni de la casuística.

Jesús es el Señor del sábado, el novio que está con sus invitados y les dispensa de la ley del ayuno.

Jesús sabe que no todos los mandamientos tienen el mismo peso ante Dios.

Jesús no invalida ninguno, simplemente prioriza para sus oyentes de ayer y de todos los tiempos.

Jesús eligió el Deuteronomio 6,4, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente” y del Levítico el capítulo 18 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Jesús no hizo un gran sermón ni se perdió en discusiones bizantinas, en una palabra les resumió el proyecto de Dios, la esencia y la simplicidad de la religión.

El amor a Dios y el amor al prójimo, un solo amor, son los goznes que mantienen segura la puerta de la religión. Si fallan estos goznes la puerta religión no se abre, se nos cae.

El amor a Dios nos tiene que llevar a amar todo lo que Dios ama y a amar como Dios ama.

“Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna”. Juan 3, 16

Perdemos mucho tiempo en disputas religiosas, muy sabias e inteligentes, pero no transformamos la mente y el espíritu según el proyecto de Dios y nos acomodamos al espíritu y modas de este mundo.

Discutimos sobre religión, no vivimos la religión de Jesús, la del amor.

Cuenta el famoso Fr. Greely que un párroco quiso comenzar el año con un retiro parroquial titulado la “esencia del Cristianismo”. La parroquia era muy conflictiva con muchos movimientos y cada uno con su agenda propia. Los feligreses acudieron en masa a la primera charla.

El cura les dijo que el corazón de la fe era el amor de Dios, incondicional, perdonador, un amor que nosotros no podemos ganar pero que Dios quiere que lo reflejemos en los demás.

En el tiempo de aclaraciones y preguntas se armó la de san Quintín.

¿Por qué no ha mencionado el aborto? ¿Por qué no ha hablado de la obediencia al Papa? ¿Por qué no ha hablado de la ordenación de las mujeres?

Cada grupo tenía sus muchos porqués. El amor de Dios no era relevante ni el perdón, temas ya pasados de moda.

El párroco salió triste y pensó cancelar el retiro. La siguiente semana sólo asistieron unas pocas personas.

 

HOMILÍA 3

¿Qué es el principio de todo? Es el amor.
¿Qué es lo que sobrevive a todo? Es el amor.
¿Qué es lo que permanece firme cuando todo falla? Es el amor.
¿Qué es lo que consuela cuando todos los consuelos fracasan? Es el amor.
¿Qué es lo que testifica cuando la profecía enmudece? Es el amor.
¿Qué es lo que no pasa cuando las visiones desaparecen? Es el amor.
¿Qué es lo que hace que el discurso de los sencillos sea claro? Es el amor.
¿Qué es lo que nunca cambia cuando todo cambia? Es el amor.
¿Qué quedará al final de todo? Sólo el amor.

Qué difícil es inventar una lengua nueva. Son muchas las lenguas muertas y muchas las que están a punto de morir. Algunos han inventado lenguas nuevas que no dejan de ser experimentos fallidos.

El evangelio de este domingo es el evangelio de la lengua eterna, pero siempre nueva. Dios no habla. El nuevo Diccionario de la Lengua con sus noventa y tres mil entrtadas le sobra a Dios y nos sobra a nosotros para hablar el lenguaje eterno, el del Amor.

Hoy todo el mundo quiere ser bilingüe y dedica horas y viajes al país del inglés. Sin el inglés, dicen, no se va a ninguna parte.

El lenguaje siempre nuevo, siempre necesario, es el del Amor. El único que, sin palabras, habla Dios desde el Día Uno de la Creación.

Todos los hombres, ateos y creyentes, lo conocen y lo hablan más o menos bien. Para nosotros los cristianos, como nos recuerda el evangelio de este domingo, la lengua del Amor es más que una lengua, es la única lengua que debemos hablar todos los días, es la lengua por la que conocerán que somos cristianos y por la que nosotros sabremos que cumplimos la voluntad de Dios.

Hoy, más que dar a Dios lo que es de Dios, Jesús nos manda: hablad el lenguaje que habla Dios.

¿Cuántas lenguas hablaba Jesús además del arameo? ¿Hablaba hebreo, la lengua del Libro? ¿Hablaba latín, la lengua del romano opresor? ¿Hablaba griego, la lengua de la cultura?

Jesús no vino a fundar una academia de idiomas. Vino a enseñarnos, con palabras y gestos, la lengua del amor y de la misericordia. Vino a poner el acento en lo importante y, más que repetir lo ya dicho en la Escritura, en el libro del Deuteronomio 6 y en el Levítico 19, vino a unir lo que en la Escritura estaba separado. Amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo no son dos mandamientos que caminan por sendas paralelas sino son uno solo que viaja por el camino llamado Jesús.

El prójimo ya no es sólo mi compatriota, mi prójimo es cualquier ser humano que tengo cerca, que sale a mi encuentro, que me necesita.

La Ley y los profetas, esas dos visagras, que sostienen todo el mensaje, Jesús las resume en un mandamiento el Amor, moneda que en una cara tiene el amor a Dios y en la otra el amor al prójimo.

Dios y el prójimo, las dos visagras que sostienen la puerta que nos introduce a la vida de Dios.

El amor es la pastilla que contiene todas las vitaminas, de la A a la Z, para poder hablar con el acento de Dios. Los que no son cristianos pueden hablar el lenguaje del amor, pero con un acento que los distingue de los auténticos cristianos.

Ama y haz lo que quieras, decía San Agustín. El que ama como ama Dios, como nos amó nuestrso maestro, no necesita consultar nada a nadie. Vivir en el Amor y para el Amor es cumplir la Ley entera.