HOMILÍA DOMINICAL - CICLO C

  Fiesta de la Ascensión

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 

HOMILÍA 1

 

A los santos les atribuimos milagros imposibles, virtudes heroicas y les damos las gracias por los favores recibidos. Son nuestra colección de nombres propios que engrandecen nuestra historia cristiana.

Alejandro Magno no es un santo del calendario, pero sí es uno de esos iconos de la historia de la humanidad al que se le atribuyen grandes hazañas militares. Conquistó Grecia, Persia, Egipto y llegó hasta la India. Quiso conquistar el mundo entero. Un día vistió su armadura y empezó a repartir todas sus riquezas entre sus amigos y sus generales y uno de éstos le preguntó: ¿y tú con qué te quedas?

Yo sólo me quedo con la esperanza, fue su respuesta.

“Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama”.

Hoy, Fiesta de la Ascensión del Señor, 40 días después de la Resurrección, tiempo teológico y pedagógico, durante estos 40 días los apóstoles fueron vacunados contra el desánimo y la desesperanza ante la partida de Jesús y la espera del Espíritu que los “revestirá con la fuerza de lo alto”.

“Dicho esto lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista”.

Nadie fue testigo del hecho de la Resurrección de Jesús y nadie fue testigo de la Ascensión de Jesús a pesar del relato maravilloso de los Hechos de los Apóstoles y de los relatos de los evangelios. 

Jesús no fue arrebatado al cielo como el profeta Elías por un carro de fuego ni subió al cielo, la esfera celeste, como un cohete lanzado desde Cabo Cañaveral.

Según Carl Sagan, astrónomo famoso, si Jesús ascendió al cielo literalmente y viajó a la velocidad de la luz, entonces todavía no ha escapado de nuestra galaxia”.

La Ascensión no es cuestión de lugar sino que es la puerta abierta a una nueva relación. “La dependencia de Dios es nuestra única independencia” dice el filósofo. Jesús y nosotros somos en la medida en que dependemos de Dios en este breve aquí y en la dependencia total en el misterio de la Resurrección para siempre.

La Ascensión no es cuestión de una ausencia sino de una nueva presencia. El Espíritu de Jesús, presente y actuante, llena la ausencia de Jesús, inspira y eleva los corazones, sopla donde quiere, abre los labios a la alabanza, hermana a sus seguidores y hace creíble el testimonio de los creyentes

La Ascensión no es cuestión de abandonarnos a nuestra suerte sino de experimentar la plenitud de Jesús dentro de nosotros. Jesús ya no pertenece ni al tiempo ni a una cultura, constituido Señor, pertenece a todos los hombres.

Para los seguidores de Jesús la Ascensión nos invita a bajar, a desprendernos de todo lo que nos ata y nos impide ascender. Enumeremos las ataduras que nos impiden ascender y cortemos algunas para no estará siempre anclados en el mismo puerto.”Los discípulos volvieron a Jerusalén con gran alegría, y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”.

Los discípulos de ayer y los de hoy, nosotros, cargamos con la responsabilidad de seguir bendiciendo la creación entera y de bendecir todo lo humano creado muy bueno por Dios. El ministerio de Jesús en la tierra ha llegado a su fin, ahora comienza el tiempo de la Iglesia, el nuestro.

No somos estudiantes pasivos, somos copropietarios de este negocio misterioso, terrenal y celestial, y estamos llamados a edificar el Reino de Dios, un nuevo orden de cosas, en este tiempo y en este lugar concreto en el que vivimos.

Teresa de Ávila lo expresó maravillosamente en este texto que si no es suyo bien lo podría ser.

Cristo no tiene más cuerpo aquí en la tierra que el nuestro.

Dios no tiene más manos que las nuestras para hacer su trabajo.

Dios no tiene más pies que los nuestros para guiar a los otros por sus caminos.

Dios no tiene más voz que la nuestra para decir a los demás cómo murió, resucitó y ascendió a la derecha del Padre.

El jefe de una tribu estaba a punto de morir y llamó a tres de sus hijos y les dijo: Tengo que elegir a mi sucesor. Subid a la montaña santa y traed el objeto más precioso que encontréis.

El primero trajo un bol de oro. El segundo trajo una gema preciosa. El tercero vino con las manos vacías y dijo: Cuando llegué a la cima de la montaña, vi al otro lado un hermoso paisaje al que la gente podría ir para una vida mejor,

El jefe le dijo: Tú me sucederás. Tú has traído el regalo más precioso de todos: la visión de un mañana mejor.