HOMILÍA DOMINICAL - CICLO B

  Trigésimo Cuarto DOMINGO - Solemnidad de Cristo Rey

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

Daniel 7,13-14; Apocalipsis 1, 5-8;
Juan 18, 33-37

EVANGELIO

En aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: ¿Eres el rey de los judíos?

Jesús le contestó: -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

Pilato replicó: -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Jesús le contestó: -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

Pilato le dijo: -Con que ¿tú eres rey?

Jesús le contestó: Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

 

HOMILÍA

Terminamos el año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey. Un título hermoso para el Señor que es buen pastor, el mejor maestro, nuestro sumo sacerdote y el último profeta. En esta última celebración del calendario litúrgico le saludamos y celebramos como nuestro Rey.

Los reyes de la tierra son pasajeros. Su poder se mide por los ejércitos que tienen y su reino es efímero. Son seres mortales como nosotros. El presidente de USA dura cuatro u ocho años y es poderoso porque tiene un arsenal de bombas para matar y millones de dólares para comprar y sobornar al que quiera.

Jesús nos dice en el evangelio de hoy : "Mi reino no es de acá", mi reino no es como los de acá. Pero yo quiero reinar también acá, en los corazones de los hombres y mujeres que son de la verdad y que escuchan mi voz.

Feligreses del Pilar, estamos aquí reunidos para darnos un buste. Estamos aquí con las baterías descargadas y viejas. No hay energía y el coche no arranca. Sí, hermanos, el Señor, nuestro rey, nos da un buste para que lo podamos proclamar como Señor y decirle: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre.

En los tiempos de la persecución del presidente Calles de Méjico, en 1926-29, los cristianos morían gritando: Viva Cristo Rey y la virgen de Guadalupe. Así reconocían a Cristo como el último y único rey de sus vidas.

A Jesucristo lo podemos llamar de mil maneras, lo de menos son los títulos, lo importante es el trabajo, la misión que Él realizó entre nosotros.

Pilato le preguntó: "Tu nación te ha entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Y Jesús le contestó: "Ser testigo de la verdad".

¿Qué has hecho? Vivir para los demás.

¿Qué has hecho? Anunciar el reino de Dios. Anunciar un nuevo orden de cosas, una nueva manera de relacionarse con Dios y con los hermanos.

¿Qué has hecho? Enseñar a amar de una manera nueva, sin egoísmo pero con pasión, sin pedir nada a cambio, dándolo todo y a todos los que nadie ama.

¿Qué has hecho? Ser testigo de la verdad y la verdad es que Dios es amor. Y el buste que todos necesitamos es el del amor de Dios. Sólo él ama de verdad.

Jesús, el rey de la gloria, de la verdad y del amor, hoy, nos pregunta también a nosotros: ¿Qué has hecho? ¿A quién eliges en tu vida?

¿Estás satisfecho con tus mentiras o eliges la verdad?

¿Qué quieres, tener más cosas o ser más persona?

¿Qué buscas, tener más poder o ser más servicial?

¿Ser súbdito del presidente o ser súbdito del Señor?

Nuestro rey es humilde y pobre; no tiene ejércitos, ni bombas, ni fronteras, ni policías, ni aduanas, ni cárceles.

Es un reino abierto a todos los que hacen el bien y un rey que ama a todos con pasión.