HOMILÍA DOMINICAL - CICLO B

  Decimoséptimo DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio ...

.  

 

 Escritura:

2 Reyes 4,42-44; Efesios 4,1-6; Juan 6,1-15

EVANGELIO

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe: -¿Con qué compraremos panes para que coman éstos? (lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).

Felipe le contestó: -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces: pero ¿qué es esto para tantos?

Jesús dijo: -Decid a la gente que se siente en el suelo. Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados: lo mismo, todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: -Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: -Este si que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

HOMILÍA 1

Teresa tenía 8 años cuando oyó a sus padres que hablaban de su hermanito Andrés. Todo lo que supo era que su hermanito estaba muy enfermo y que no tenían dinero para la operación.

Teresa oyó decir a su padre: "Sólo un milagro puede salvar a Andrés".

Teresa fue a su habitación y contó cuidadosamente las monedas que había ahorrado. Se fue a la farmacia y le dijo al farmacéutico: "Mi hermano está muy enfermo y quiero comprar un milagro. ¿Cuánto cuesta un milagro?"

"Lo siento, pero aquí no vendemos milagros. No puedo ayudarte", le contestó.

El hermano del farmacéutico que estaba allí en aquel momento se agachó y le preguntó a la niña: "¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?"

No lo sé. Mi madre dice que necesita una operación y quiero pagarla con mi dinero.

"¿Cuánto dinero tienes?" le preguntó .

Tengo un dólar y cinco centavos.

Estupendo, qué coincidencia, sonrió el hombre, eso es exactamente lo que cuesta un milagro para los hermanitos.

Cogió el dinero de la niña y le dijo: "Llévame a tu casa. Veamos si tengo la clase de milagro que necesitas".

Ese hombre, el hermano del farmacéutico, era el Doctor Carltom Armstrong, un cirujano. Y operó al niño gratis.

"Esa operación, susurraba la madre, ha sido un verdadero milagro. Me pregunto cuánto habrá costado."

Teresa sonreía, ella sí sabía lo que había costado, un dólar y cinco centavos , más la fe de una niña.

Un milagro es siempre un acto de amor y de imaginación. No hay milagros en la casa del odio. Sólo el amor da vida y multiplica los favores. El odio es el extintor número uno.

Se dice que todo lo que el rey Midas tocaba se convertía en oro. Nosotros podemos decir hoy y cada vez que predicamos a Jesucristo que todo lo que hizo y toda persona que Él tocó se sanó y se salvó. Su amor fue y es todavía el origen de todos los milagros.

En el evangelio de hoy, Juan 6, 1-15, nos maravillamos con los cinco panes y los dos peces.

Juan nunca usa la palabra milagro. Usa una palabra más sencilla, signo. Jesús y sus obras son los signos de que Dios está presente en nuestro mundo, que el amor de Dios y su poder están trabajando en Jesús y se nos reta a mirar más allá , ver a Dios con cara y corazón humano.

El signo verdadero y visible y para siempre es Jesús.

Jesús es el signo y la flecha que apuntan hacia Dios.

Jesús fue usado por su Padre para satisfacer el hambre de todos sus hijos e hijas.

Y así como Dios necesitó a Jesús para hacer su trabajo, Jesús necesitó aquel muchacho con sus panes y sus peces para producir un picnic increíble.

Este muchacho jugó un papel importantísimo en este glorioso acontecimiento. Estaba en el lugar apropiado, a la hora apropiada, y permitió que Jesús lo usara.

Jesús, el signo del amor, gracias a este muchacho, se convirtió en un signo más visible para todos.

¿Por qué tantas personas alrededor de Jesús ese día? Tal vez tenían hambre de la palabra de Dios o hambre de estar con alguien que les ofrecía esperanza. Le siguieron aquel día despreocupados del hambre física. Pero Jesús lo sabía y los alimentó. Él no tenía nada pero aceptó los panes y peces del muchacho y dijo: con esto nos basta.

"Cuánto dinero tienes" "un dólar y cinco centavos". "Qué coincidencia, ese es el precio exacto de un milagro para los hermanitos."

Un dólar y cinco centavos. Cinco panes y dos peces.

Para dar vida, hacer feliz, alimentar, amar, perdonar, satisfacer, estar en paz, no se necesita mucho: una sonrisa, una buena palabra, un abrazo sincero, una cálida acogida, estar ahí…

En este mundo, no necesitamos milagros, necesitamos signos de amor y de compasión.

Jesús es el signo principal, el único, pero todos nosotros somos llamados a ser signos de una nueva y necesaria reconciliación entre nosotros.

Jesús todavía necesita nuestros cinco panes para alimentar a los hambrientos.

Jesús todavía necesita nuestra inteligencia para enseñar a los que no saben.

Jesús todavía necesita nuestro tiempo para visitar a los abandonados.

Jesús todavía necesita nuestras palabras para consolar a los que sufren.

Jesús todavía necesita nuestro esfuerzo para hacer un mundo más en paz, más fraterno y más justo.

Jesús además de darnos el pan, nos dice que Él es el pan de vida.

En la iglesia, aquí y ahora, multiplicamos su presencia. Aquí vemos los signos de Jesús y le alabamos y seguimos y nos quedamos con Él. Aquí nos recuerda que alimentar a los hambrientos es una responsabilidad de todo cristiano.

ALGUNOS APUNTES SOBRE EL EVANGELIO

Jesús es el testigo del "buen corazón" de Dios.

Jesús constata las hambres de los hombres. Quiere darles, quiere darse. Va a hacer lo que su Padre quiere, ser testigo del amor del Padre para la humanidad.

El corazón multiplicado.

Para multiplicar el pan, Jesús comenzó por multiplicar el corazón. El corazón de aquel muchacho que había viajado con su bocadillo en la mochila.

El sacramento del compartir.

Abrir el corazón es la primera conversión.

El compartir debería ser "el octavo sacramento cristiano". Nuestros contemporáneos lo esperan para abrirse a la fe.

Compartir es un signo de la fe verdadera, un signo para la fe.

Vivir la Eucaristía.

Compartir el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Increíble comida del Señor.

¿Cómo se puede vivir sólo para sí después de haber compartido el pan de vida?

 

 

 

HOMILÍA 2

Once upon a time in a very small country the people decided to throw a big party to celebrate their king's birthday.

Every family had to provide some wine which was poured into a big container. One family thought about it and said:We are too poor and cannot afford to buy any wine and besides no one will know the difference if we pour water instead of wine. And so they did. A little water was no big deal, but you can guess what happened. All the families had the same idea and when the container was opened, there was no miracle, there was no wine, there was just lots of cristal clear water.

No way to work wonders with people like those.

Today we have proclaimed the story of the five loaves of bread and the two fish, story told in the four gospels.

Why is this story told over and over? Because it captures the essential truth about God who is love, about Jesus who is the man for others, an about the disciples who were witnesses of the event.

To say that the world is a place of scarcity in New York City may sound a bit sarcastic. We have Whole Foods, Traders Joe, Fairways, Associated Supermarkets, hundreds of grocery stores...where we can buy everything we need, but we have to recognize that we live “in the best of times and the worst of times”, a billion people in our world have no stores, have no money to buy any food.

We who listen to this gospel in our church may ask: if Gods loves the world so much, if Jesus worked wonders yesterday, why is he not doing anything today?

The disciples, thinking only about themselves, told Jesus to send those people away so that they could find a nice restaurant where they can rest and eat.

"Give them some food yourselves" says Jesus to his disciples.

We have nothing, just two fish and five loaves of bread, not enough for ourselves, let alone for these five thousand men.

Jesus told them: you provide the bread, let me take care of the miracle.

We can interpret the miracle in a very simple a human way.

What Jesus transformed that day was the heart of five thousand men who were generous enough to provide the bread.

What do you think is more difficult to multiply the bread or to transform the human heart?

Forget about multiplying the fish and the bread, what Jesus would like to do this very day is to transform one or five hundred or five million hearts in order to feed the whole world with our energy and our love. We, not Jesus, live here and now and it is you and I who are supposed to provide the bread.

Jesus tells us: you provide the bread, let me take care of the miracle, the miracle of selfish people becoming generous people.

Our church is the House of Bread. Take this, all of you, and eat it, this is my body which will be given up for you.

At the dawn of the fourteenth century Meister Eckart offered this advice about petioning for our daily bread.

"God wills all persons to be saved.
Pray for the whole world,
bid this very earth to become a heaven.
Pray especially to be freed fron greediness.
Pray to recognize others who are in need
for there is no such a thing as my bread.
All bread is ours
and is given on loan to us
with others and because of others
and for others and to others, through us".

Beloved of God, we are invited to come to the table to share a meal that goes beyond survival, that satisfies and brings abundant life and eternal joy.

HOMILÍA 3

I WANT TO BUY A MIRACLE

Mary was 8 years old when she heard Mom and Dad talking about her little brother Andrew. All she knew was that her little brother was very sick and they had no money for the surgery.

Mary heard Daddy say to her mother: “Only a miracle can save Andrew”.

Mary went to her bedroom and counted carefully the coins she had saved. She walked to the drug store and told the pharmacist: “My brother is very sick and I want to buy a miracle. How much does a miracle cost?”

We do not sell miracles here. I am sorry. I cannot help you.

The pharmacist's brother who was there stooped down and asked the little girl: What kind of miracle does your brother need?

My mother says he needs an operation and I want to use my money to pay for it.

How much money do you have? One dollar and eleve cents.

Well,what a coincidence smiled the man, that is the exact price for a miracle for little brothers. He took the money and said: Take me where you live. That man, the pharmacist's brother, was Dr Carlton Armstrong, a surgeon. He did the operation without charge.

“That surgery, her mother whispered, was a real miracle. Iwonder how much it would have cost”.

Mary smiled, she knew the exact price, one dollar and eleven cents.

A miracle is always an act of love and imagination. There are no miracles where hate rules. Only love gives life and multiplies service.Hate is a fire-extinguisher.

Its is said tha everything King Midas touched became gold. We can say today that every person Jesus touched became healed, whole, and saved. His love was, and still is the source of all miracles.

In today's gospel, John chapter 6, we marvel at the miracle of the five barley loaves and the two fish.

John never uses the word miracle. He uses a more humble word: sign. Jesus deeds are the sign that God is present in our world, that God's love and power are at work and we are challenged to see beyond the sign, to see God with a human face and a human heart.

Jesus, the sign that points toward God, was used by his Father to satisfy the hunger of all his sons and daughters.

The boy in today's gospel offered his five barley loaves and his two fish. The boy was a major factor in the whole glorious event. He was there at the right time, at the right place. He offered Jesus all he had and in this way he paid for the miracle.

Jesus, the sign of love, became a more visible sign because of this boy.

The exact price of a miracle is always the same, a little faith and our five barley loaves of bread.

To create life, lo make happy, to love, to forgive, to be at peace...not much is needed, jus a smile, a good word, a sincere hug, a warm welcome, just being there...

In this crowded world, in our own community we need no miracles, we need signs of love and compassion.

Jesus still needs our two fish to feed the hungry.

Jesus still needs our time to visit the lonely.

Jesus still needs our words to comfort the suffering.

Jesus still needs our efforts to make this world more peaceful, more friendly, more just.

Here in church we are fed with the bread of life. Here we multiply his presence. Here we see the signs of Jesus love and here we promise him love and fidelity. Here we are reminded that feeding the hungry is a basic responsibility for every christian.

When the kpeople saw the sign he had done, they said; This is truly the prohet, the one who is to come into the world.

May the people who see us today exclaim also: these christians are really true disciples of the only Christian who ever lived, Jesus Christ..