HOMILÍA DOMINICAL - CICLO C

  Decimosegundo DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

Zacarías 12,10-11; Gálatas 3,26-29; Lucas 9,18-24

EVANGELIO

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: -¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos contestaron: -Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

El les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Pedro tomó la palabra y dijo: -El Mesías de Dios.

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: -El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Y, dirigiéndose a todos, dijo: -El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará.

 

HOMILÍA

En su libro The Wisdom of Big Bird, La Sabiduría del Gran Pájaro, Caroll Spinney escribe: "Yo soy, tal vez, la persona más desconocida y más famosa de América. Es el Pájaro el que es famoso, no yo". El Gran Pájaro de Sesame Street es conocido y querido por todos los niños del mundo. Es una estrella de la televisión y de las películas. Ha ganado Emmys y Grammys, ha salido en la portada de Life Magazine e incluso tiene su propia estrella en el paseo de la Fama de Hollywood.

Caroll Spinney, el titiritero dentro del traje del Pájaro, puede caminar por las calles y nadie sabe quién es. A él no le gusta ser perseguido por la prensa o el público.

En el evangelio de hoy, Jesús se siente como la persona más desconocida y más famosa del mundo. Incluso sus discípulos parecen no saber quién es realmente.

Jesús les pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?"

Mientras escuchan la proclamación del evangelio de hoy, Jesús también les hace la misma pregunta. ¿Quién dicen ustedes que soy yo? Y tenemos que darle nuestra respuesta.

Sobre Jesús de nada sirve tener opiniones más o menos favorables y correctas. A Jesús sólo se le responde de verdad desde el seguimiento y la fe.

El Jesús superestrella y maravilloso es también el Jesús sufriente en la cruz.

Jesús no es un trozo de escayola pintada y convertida en estatua. Es un ser humano, de carne y hueso, que nos redimió a través del sufrimiento.

Cuando vamos a un museo y los vigilantes no nos miran nos gusta tocar las esculturas y las pinturas para ver si son verdaderas y sólidas. Lo mismo pasa con nosotros, estatuas humanas. Cuando somos probados y arañados por el sufrimiento, sabemos si somos verdaderos y sólidos o baratas imitaciones.

En la carta a los Gálatas San Pablo nos ha dicho hoy: "Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús".

La imposible unidad para los hombres se hace posible en Cristo.

Los judíos y los gentiles no se llevaban nada bien. Los judíos enseñaban que para hacerse cristiano había que hacerse judío. San Pablo no está de acuerdo.

Antes de Cristo era la Ley de Moisés. Con Cristo llega la ley de la Libertad.

Romper la ley ya nos excluye del amor de Dios que siempre nos espera con los brazos abiertos. Dios sigue amándonos a todos y no nos pone etiquetas. Todas quedan abolidas.

Después de Cristo todos somos herederos por la fe de las promesas de Dios.

La unidad en la diversidad. Los cristianos pueden concentrarse en su nueva relación con Dios. No tienen que malgastar sus energías en saber quién es quién, quién está dentro y quién fuera. Lo importante es esforzarse en vivir la vida cristiana.

El momento decisivo entre el antes y el después es el Bautismo.

Revestidos de Cristo se nos ha dado una vida nueva, hemos entrado en la comunidad de los hijos y ninguno es ya el mismo después.

Ahora tenemos la libertad en el Espíritu, libres para vivir para Dios, libres para amar al prójimo, libres para llevar los fardos de los demás, libres para hacer el bien a todos… y tan libres que ya no hay diferencias, ni colores, ni razas, ni edades, ni clérigos y laicos, ni hombres y mujeres, ni ciudadanos e inmigrantes. Somos todos iguales. Las clasificaciones humanas están todavía ahí, pero ya no importan. Lo que importa es Cristo en mí, Cristo en ti, y todos uno en Cristo.

Después de Cristo lo viejo ha pasado. Todo lo ha hecho nuevo.