HOMILÍA DOMINICAL - CICLO C

  Undécimo DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

1 Samuel 12, 7-10.13; Gálatas 2, 16.19-21;
Lucas 7, 36-8.3

EVANGELIO

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: -Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.

Jesús tomó la palabra y le dijo: -Simón, tengo algo que decirte.

El respondió: -Dímelo, Maestro.

Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos.

¿Cuál de los dos lo amará más?

Simón contestó: -Supongo que aquel a quien le perdonó más.

Jesús le dijo: Has juzgado rectamente.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: -¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies: ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.

Y a ella le dijo: -Tus pecados están perdonados.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?

Pero Jesús dijo a la mujer: -Tu fe te ha salvado, vete en paz.

 

HOMILÍA

"Dichoso aquel cuya culpa es absuelta

y cubierto su pecado.

Regocijaos en el Señor, justos, exultad,

alborozaos todos los de recto corazón". Salmo 32, 1,11

Es la historia de dos amigos en el desierto. En un momento de enfado uno le dio una bofetada a su amigo. Éste dolorido pero sin decir palabra escribió en la arena:

HOY MI MEJOR AMIGO ME HA DADO UNA BOFETADA.

Continuaron caminando y llegaron a un oasis, y decidieron bañarse. El que había sido abofeteado estuvo apunto de ahogarse y su amigo lo salvó. Cuando se repuso escribió sobre una piedra:

HOY MI MEJOR AMIGO ME HA SALVADO LA VIDA.

El que había sido abofeteado y salvado la vida le preguntó a su amigo: ¿Por qué escribiste en la arena y ahora en la piedra? El amigo le respondió: cuando alguien nos hiere, hay que escribir en la arena para que los vientos del perdón lo puedan borrar. Pero cuando alguien nos hace el bien debemos grabarlo en piedra, para que ningún viento lo pueda borrar y nos lo haga olvidar.

¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?

Todos, de mil maneras y de mil personas, somos deudores.

Estamos en deuda con nuestros padres que tanto se sacrifican por nosotros, en deuda con la sociedad que nos protege, en deuda con nuestros maestros que nos inspiran, en deuda con la iglesia que nos reconcilia y alimenta, en deuda grande e impagable con Dios.

Pocas veces caemos en la cuenta y seguimos viviendo como si fuéramos autónomos, como si no necesitáramos de nadie.

El evangelio de Lucas de este domingo nos exhorta a reconocer nuestra actitud egoísta y a agradecer de corazón a Dios –el gran prestamista- el perdón diario de nuestras deudas.

El fariseo, anfitrión de Jesús, satisfecho de sus bienes y de su perfección no tiene nada que agradecer, nada de qué arrepentirse, no tiene deudas. Solamente tiene su rectitud.

Yo no me veo reflejado en él. Supongo que ustedes tampoco.

La mujer pecadora busca a Jesús porque se siente abrumada por el peso de sus deudas, necesita pagarlas con las lágrimas, "con mucho amor", al único que puede dejar su cuenta a cero.

Jesús siente compasión, que no lástima, sino cercanía, comprensión. Y cumple la misión para la que ha sido enviado por el Padre, perdonar, pagar su deuda.

Sólo puede perdonar el que olvidándose de su perfección se pone en lugar del otro, se mete en sus zapatos y se identifica con él.

En el ejemplo de Jesús: "Un prestamista tenía dos deudores"… hay una nota de humor. Y es que el buen humor es la otra cara de la fe y del perdón.

¿Se imaginan ustedes un cristiano sin el don de la alegría?

Todas nuestras deudas canceladas y ¿no saltar de alegría y delirar diciendo tonterías?

La iglesia del perdón de Dios, debería ser la iglesia del buen humor y de la gran alegría.

No hay pozo tan hondo en el que Dios no pueda entrar.

No hay perdón tan difícil que Dios no pueda conceder.

No hay herida tan grande que Dios no pueda sanar.

Al banquete de la hospitalidad acudimos los domingos todos los deudores a saldar cuentas con Dios. ¿Salimos perdonados? ¿Salimos alegres y ligeros de equipaje?

Sí, este Jesús, nuestro anfitrión, tiene poder para perdonarnos y nos invita a perdonar.

Jesús nos invita a no llevar cuenta de las ofensas y suprimir de nuestro corazón el deseo de venganza.

El perdón difícil no es el de los grandes titulares y escándalos de nuestro mundo: la guerra, la miseria, el calentamiento global, los abusos sexuales…sino el perdón en nuestras relaciones personales de la vida cotidiana: en la familia, el trabajo, el deporte, en la escuela…

La firma auténtica del cristiano es la del perdón.

No recuerdo donde encontré los 10 mandamientos del perdón.

  1. Perdonar no es fácil. Exige tiempo y esfuerzo.

  2. Perdonar no es olvidar. No significa un cambio en la memoria. Sí, un cambio del corazón.

  3. Perdonar no es ignorar o negar el mal.

  4. Perdonar no significa que el daño no siga aún presente y operante.

  5. Perdonar no es lo mismo que aprobar. Algo ha sucedido que no aprobamos pero sí perdonamos.

  6. Perdonar es reconocer que las personas son mucho más que sus faltas. No clasificar a las personas por el modo cómo me han tratado. En sus vidas hay mucho más.

  7. Perdonar es dar a la persona que me ha ofendido una nueva oportunidad.

  8. Perdonar es reconocer la humanidad de la persona que nos ha ofendido y también la nuestra con nuestras debilidades y nuestra contribución al mal.

  9. Perdonar es renunciar a la venganza.

  10. Perdonar es desear lo mejor a las personas que nos han ofendido.