HOMILÍA DOMINICAL - CICLO C

  Sexto DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio ...

   

 

 Escritura:

Jeremías 17, 5-8; 1 Corintios 15, 12.16-20;
Lucas 6, 17.20-26

EVANGELIO

En aquel tiempo bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:

"Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hombre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.

¡Ay de vosotros los que estáis saciados!, porque tendréis hambre.

¡Ay de vosotros los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas".

 

HOMILÍA

Érase una vez un hombre muy rico que vivía en una mansión que dominaba un fértil valle. Pero había un gran vacío en su vida. No tenía fe y vivía solo con sus muchas riquezas.

Juan, el vaquero del hombre más rico del valle, vivía con su familia en una casa muy humilde. Juan era creyente, oraba en familia y todos juntos iban a la iglesia.

Una mañana, el hombre más rico del valle contemplaba sus tierras y se decía: Todo esto es mío.

En ese momento llegó su vaquero y le dijo: anoche tuve un sueño y el Señor me dijo que el hombre más rico del valle iba a morir a medianoche. Tenía necesidad de decírselo, espero no se enfade.

No te preocupes, no creo en los sueños, vuelve a tu trabajo y olvídalo.

El hombre más rico empezó a inquietarse y se fue a su médico para hacerse un chequeo. Éste le dijo que estaba como un roble y que le quedaban muchos años de vida.

Aliviado pero roído por la duda invitó al médico a cenar y le invitó a quedarse hasta medianoche.

Pasada la medianoche despidió al médico y se dijo: este estúpido de Juan ha arruinado mi día, él y sus malditos sueños.

Acababa de acostarse cuando sonó el timbre de la casa. Eran las 12:30. Bajó y encontró a la hija de Juan en la puerta.

Señor, le dijo llorando, mi mamá me envía a decirle que papá ha muerto a medianoche.

El señor se quedó helado y comprendió súbitamente que el hombre más rico del valle no era él sino su vaquero.

¿Quién es el hombre más rico y más feliz entre nosotros?

Dios no ve las cosas como nosotros.

Dios no juzga a las personas como nosotros.

Y el Jesús que hoy nos declara felices, nos avisa también del peligro con el "Ay de vosotros…

El evangelio que proclamamos es una buena noticia, es "fuerza de salvación para los que creen en él", es fuente de bendiciones y de felicidad. Es el evangelio de las bienaventuranzas.

¿Qué es la felicidad para usted o para mi?

  • Yo sería feliz si tuviera una buena salud pero este cáncer me está matando.

  • Yo sería feliz si tuviera mucho dinero pero con estos sueldos de miseria…

  • Yo sería feliz si esta mujer me quisiera pero pierdo el sueño y nada

  • Yo sería feliz si estos hijos míos dejaran el vicio y…

  • Yo sería feliz si tuviera un buen trabajo…

Para nosotros la felicidad es cuestión de suerte, de dinero, de éxito, de salud…

La felicidad siempre la tiene otro, no yo, está en la televisión, no en mi casa, está fuera de mi, nunca dentro de mi.

Jesús nos invita a mirar la vida y a vivirla con los ojos de Dios. Para Dios la felicidad es una cuestión de elección.

Elegir bien es elegir a Jesús.

Elegir bien es elegir el espíritu de Jesús.

Elegir bien es elegir entre las bienaventuranzas de Jesús o sus malaventuranzas.

Jesús, desde la pobreza del establo de Belén a la pobreza de la cruz, es el Mesías, el pastor de los pobres, de los que lloran y de los perseguidos.

Jesús es nuestra única elección, nuestra felicidad.

Los ricos tienen su dinero, sus guardaespaldas, sus mesas llenas, sus aduladores, sus clubs, sus fotos en la prensa…lo tienen todo, ¿para qué quieren a Dios?

Ya han elegido aquí y ahora su felicidad. Ya han elegido el becerro de oro, su dios.

Aquí estamos un pueblo sencillo pero feliz porque hemos elegido bien.

Aquí venimos a dejarnos bendecir y cambiar de corazón, a poner nuestro apoyo en la riqueza de Jesús.

Después de 2000 años, este sermón de Jesús sigue siendo fácil de entender.

La avaricia es el gusano que anida dentro de nosotros y nos puede echar a perder.

Este animal, que es el ser humano, no se contenta con sus pequeños y pasajeros placeres y no se resigna a sus muchos sufrimientos, este animal que llevamos dentro lo quiere todo. Pero ese "todo" es sólo Dios.

Tenerlo todo, serlo todo. Por eso la felicidad es una cuestión de elección: elegir a Dios es elegir todo, toda la felicidad aquí y allá.

¿Qué es la felicidad para usted y para mi?

Felices vosotros…