HOMILÍA DOMINICAL - CICLO B

  Quinto DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio ...

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 Escritura:

Job 7, 1-4.6-7; 1 Corintios 9, 16-19.22-23;
Marcos 1, 29-39

EVANGELIO

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados;. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: "Todo el mundo te busca". El les respondió: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar allí también; que para eso he salido". Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 

HOMILÍA 1

.Hace unos años un joven profesional circulaba por una calle de Harlem. Iba orgulloso en su flamante Mercedes recién estrenado. De repente vio un niño entre dos coches. Y cuando pasaba a su lado un ladrillo se estrelló contra la puerta de su nuevo coche.

Dio un frenazo y salió furioso. Cogió al niño y comenzó a gritarle todo tipo de amenazas.

Perdone, señor, decía el niño, no sabía qué hacer y le tiré el ladrillo porque nadie paraba. El niño lloraba desconsoladamente mientras señalaba el suelo. Es mi hermano, se ha caído de la silla de ruedas y no lo puedo levantar. ¿Me podría ayudar? El joven lo levantó y lo sentó en su silla de ruedas.

El ejecutivo montó en su Mercedes y nunca lo arregló. El impacto del ladrillo le recordaría siempre a no viajar tan rápido y a que le tuvieran que tirar un ladrillo para prestar ayuda al caído en el camino de la vida.

¿Cuántos ladrillos nos tienen que tirar a nosotros para frenar nuestro ritmo y ver a los hermanos caídos?

Nosotros no nos queremos manchar las manos. No queremos denunciar el mal. No queremos correr riesgos y seguimos hacia adelante.

Aquel joven, ese día, recibió la pedrada no en el coche, sino en el corazón y lloró con el niño y sanó una vida humana con un sencillo gesto.

El evangelio de Marcos es el evangelio de las piedras que lanzan a Jesús los necesitados. Jesús frena, se detiene y levanta a los caídos.

Marcos nos narra un día cualquiera de la vida de Jesús, un sábado cualquiera.

Por la mañana en la casa de oración: proclama la palabra, enseña con autoridad y actúa con poder expulsando un espíritu malo.

A mediodía: de la casa de oración a la casa de Simón. Curación y comida. Al atardecer: servicio de sanación.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se fue a un lugar solitario y se puso a orar.

Así serían la mayoría de los días de Jesús.

ORACIÓN.

Abrir el corazón de par en par a Dios. Darle gracias por el nuevo día. Pedirle fuerza para enfrentarse a la vida. Pedirle sabiduría para hacer su voluntad. Pedirle amor para encajar las pedradas y sentir compasión por los necesitados..

La oración es comunicación con Dios, es el lenguaje del amor.

Cuando nos paseamos por la calle vemos a las personas, celular en mano, comunicándose con sus padres , amigos, novios... necesidad imperiosa de estar conectados.

El mundo de Jesús es su Abba, su padre, y la oración es su celular, su medio de conexión con Dios. La oración es la manera de decir a su Padre me importas, te quiero.

Durante el día, la predicación.

"Vamos a los pueblos vecinos y yo también predicaré allí, pues para esto he venido".

Jesús recorre caminos y calles y casas de oración predicando el Reino de Dios. Y sana a los enfermos, echa los malos espíritus y les manda callar.

Predicación y servicio: sanar, perdonar, liberar , hacer personas nuevas y libres.

Simón y Andrés interrumpen su oración y le dicen: ¿qué haces aquí solo?, ¿con quién hablas?, ¿por qué pierdes el tiempo?

"Todos te buscamos".

Qué hermosa afirmación si fuera verdad! ¿Quién busca a Jesús? ¿Para qué le buscan?

-Unos le buscan para ponerle a prueba

-otros le buscan para pedirle un milagro.

-otros para traicionarle.

-otros para matarle...

Todos te buscamos Eso lo podemos decir todos los que estamos aquí. Más difícil nos resulta decir por qué o para qué le buscamos.

Le buscamos porque estamos enfermos, tenemos problemas, tenemos miedo a morir, porque es bueno y lo puede todo...

Jesús nos invita no sólo a buscarle sino a imitarle. Quiere que un día cualquiera de nuestra vida sea como uno cualquiera de su vida: el celular de la oración, la predicación de la palabra y de la vida, y el servicio. La suegra de Pedro, una vez sanada se puso el delantal y les sirvió. La esencia del seguidor es el servicio.

HOMILÍA 2

LA CONVENCIÓN MUNDIAL DE LOS DEMONIOS

Satanás abrió la sesión con el siguiente mensaje: Tenemos que reconocer que no conseguimos impedir que los cristianos vayan a la iglesia, lean la Biblia y que tengan una relación de amistad con Jesús y el problema es que, cuando se conectan vitalmente con Jesús, nuestro poder se apaga. Dejemos que vayan a la iglesia, que hagan sus novenas y rosarios, pero tenemos que llenar sus mentes para que no puedan conectarse con Jesús.

Tenéis que distraer y entretener a los hombres para que no se conecten con Jesús.

¿Cómo lo haremos?, preguntaron los demonios.

Tenéis que conseguir que los hombres estén siempre ocupados, que las radios y las televisiones estén siempre funcionando, sus buzones tienen que estar llenos de periódicos, de revistas, de ofertas de viajes, de cruceros, animadles a comprar loterías, a consumir espectáculos, deportes, cine X, todo lo que despierte sus instintos y falsas esperanzas, hacedles trabajar tanto que no tengan tiempo para sus esposas y las familias se rompan, que no tengan tiempo para pensar ni para rezar ni para acordarse de Dios aunque estén en la iglesia. Mantened a los hombres ocupados, siempre ocupados y llenad sus mentes con fantasías imposibles.

¿Creen ustedes que este plan del demonio funciona?

Marcos nos presenta en el evangelio de este domingo a un Jesús muy ocupado.

Como cualquier otro judío Jesús pasa la mañana en la sinagoga proclamando la Palabra, predicando y haciendo callar a los espíritus inmundos.

Comida en casa de Pedro, cuartel general de Jesús y sus discípulos. La salvación entra en su casa y manifiesta que la salvación además de ser personal tiene que influir también en todos los miembros de la familia. La casa de Pedro es la casa de Jesús y la primera responsabilidad de Pedro era ofrecer la salvación a los suyos poniéndolos en contacto con Jesús.

El evangelio nos dice que la suegra de Pedro se levantó y se puso a servirles.

La palabra servicio es la más pronunciada en la Iglesia y en la sociedad. Todos nos llamamos servidores, servidores de la comunidad o servidores públicos, del bien común, todos decimos “a su servicio” pero son pocos los que sirven sin esperar nada a cambio.

Cuentan que una viuda le dijo un día a su párroco: “He oído que va a contratar a un señor para que barra las dependencias de la iglesia. Yo me ofrezco a hacerlo gratis. El dinero que le iba a pagar puede entregarlo a Caritas.

Cada mañana cuando terminaba su trabajo nocturno limpiando oficinas iba a la iglesia, barría, quitaba el polvo y todo quedaba en orden y limpísimo.

Años más tarde, ya enferma el párroco fue a visitarla. La viuda le dijo: Estoy a punto de morir y me pregunto qué le diré al Señor cuando me pregunte qué he hecho.

No diga nada, simplemente enséñele sus manos, le dijo el párroco.

Terminado el sábado con la puesta del sol, a la puerta de la casa de Pedro acuden los enfermos, los pecadores, los poseídos por los espíritus, los curiosos, los buscadores del hombre prodigio, tal vez el Mesías. Jesús abrazaba, sanaba, liberaba, daba paz y esperanza a todos.

Jesús en su ministerio en Cafarnaún y a orillas del lago, es un hombre famoso, un héroe local, tiene a la gente en la palma de la mano. Admiran su enseñanza nueva y nada amenazante, habla con autoridad, hace grandes signos y hasta manda callar a los espíritus que le obedecen.

Sus discípulos están encantados, saben que han apostado por el caballo ganador.

“Y levantándose muy pronto antes del alba, marchó a un lugar desierto donde oraba”.

Jesús, cuyo nombre iba de boca en boca, cuyo nombre aparecería en el periódico de Cafarnaún, no es el héroe que esperaban. Jesús ajeno al éxito efímero, se retira, se esconde para orar.

No vino a triunfar sino a servir. Orar en el silencio. Jesús, hombre muy ocupado, busca la salida de la autopista llamada Oración y en el silencio comulga con la naturaleza y conecta con Dios.

Dice Chesterton que Jesús se marchó para poder reír a solas con Dios porque las expectativas de sus seguidores le parecían exageradas y ridículas. Y “al todos te buscan” de Pedro, Jesús responde:

Vamos al pueblo siguiente a predicar la Buena Noticia que para eso he venido, ese es el trabajo que Dios quiere que lleve a cabo.

Los hombres tenemos eso que llamamos tiempo libre. ¿Cómo lo llenamos? Tal vez tenga más razón que un santo el diablo y sea él el que llena nuestro tiempo libre con la telebasura, los deportes, los viajes…

Todos los hombres, los creyentes y los no creyentes, en nuestro tiempo libre, deberíamos tener una cita con algo y alguien importante, con algo relacionado con las cosas del espíritu, del alma.

El cristiano y el hombre religioso de cualquier denominación, organiza su vida no sólo en la dimensión del trabajo y del dinero sino también en la dimensión de lo que sostiene el alma, citas a solas con Dios y citas con los hermanos en el culto.

Aquí, en la iglesia, reorientamos nuestras brújulas, nos alimentamos con el pan de vida y esperanzados consolamos y fortalecemos nuestro espíritu.

HOMILÍA 3

Cuando compramos un aire acondicionado, un celular o las piezas de una mesa en Ikea nos dan siempre el manual de instrucciones. Manual escrito en inglés, en griego, en chino y, a veces, en español. Manual, que emplea una terminología tan técnica y difícil de entender, que suele terminar en el zafacón. Nos fiamos de los profesionales y les pedimos que nos resuelvan el problema. Yo, por pereza y torpeza, estoy aún por abrir el primer manual de instrucciones.

Ustedes que son más expertos y más manitas que yo se las arreglan sin la ayuda del manual y sin la ayuda de los profesionales. Ustedes son muy afortunados.

¿Para ser un buen cristiano, es decir, para seguir a Jesucristo se necesita un manual de instrucciones?

¿Podemos fiarnos de nuestra educación y de nuestro saber?

¿Podemos dejarnos guiar por los profesionales de la religión?

Mi respuesta es sencilla. El manual de instrucciones del cristiano es el evangelio y el único profesional, el único modelo del cristiano es el mismo Jesucristo. Y si los archivamos o tiramos por la ventana, todas las demás ayudas serán innecesarias e inútiles.

El evangelio de Marcos es, en estos domingos, nuestro manual de instrucciones que estamos proclamando del capítulo primero.

Marcos nos cuenta un día en la vida de Jesús, un sábado en Cafarnaún. Sábado, día de descanso, día sagrado, uno de los diez mandamiento de Yahvé.

Jesús comienza el día en la sinagoga, lugar del culto al Dios de los patriarcas y de la lectura de la Torá y allí Jesús ENSEÑA y asombra a los congregados porque enseña con autoridad y echa a los espíritus malos que anidan en el corazón de los hombres.

De la sinagoga, terminada la celebración, Jesús va a la casa de Pedro, ámbito de los vínculos de la sangre y de la familia.

Allí están la mujer de Pedro y su suegra que tiene fiebre. Jesús, con un ritual de baile, la SANA.

Se acercó, se presentó, la cogió de la mano, la levantó y el baile de la ternura y el servicio comenzó. La fiesta comenzó con un pequeño milagro. La suegra, sin nombre, bailó, sirvió a toda la familia y se hizo discípula del maestro.”

A la puesta del sol, terminado el sábado, la gente se agolpó a la puerta de la casa de Pedro y Jesús SANÓ a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos espíritus malos.

La gente se acercaba a Jesús por razones muy diversas, por curiosidad, novedad, enfermedad...por razones que nada tenían que ver con la religión. Sanaciones que Jesús no negó a ninguno de los que se acercaron aquella noche. Pero el milagro que Jesús siempre quiere hacer es el transformar la vida de las personas. Milagro al que nos resistimos, a veces, con todas nuestras fuerzas.

Todos se acostaron, pero "Jesús se levantó de madrugada, se marchó a un descampado y allí se puso a ORAR".

ORAR palabra archirrepetida en la sinagoga y en los templos, pero poco practicada.

Hoy sólo se valoran las actividades que producen dinero o las que entretienen y divierten. La consigna es "estar ocupado" aunque sólo sea haciendo sodokus o sopa de letras.

Jesús tuvo un día muy ocupado, pero no olvidó lo importante, orar, ser uno con el uno, ponerse en comunión con el Padre, recibir la consigna y la revelación del Padre y recargar las pilas del espíritu.

"Todo el mundo te busca", le recriminó un Pedro enojado. ¿Qué haces ahí perdiendo el tiempo? Jesús huye del éxito y allí ya les había entregado lo mejor que tenía.

Y se pusieron en camino para PREDICAR el Reino de Dios en otros pueblos, a otras personas.

El domingo, día del Señor, es para nosotros el día que dedicamos a ser uno con el uno, a conectar con Dios Padre y con los hermanos.

La Eucaristía, hoy y nosotros, las dos palabras más importantes de la asamblea y Cristo que nos convoca debería ser el momento culmen de la semana, nuestra peak experience. No la vivamos como rutina u obligación.

Preguntaba yo un día a un grupo de feligreses: ¿cuál es el momento más importante de la eucaristía para ustedes?

Para uno era el momento del perdón, porque Jesús expulsa sus malos espíritus.

Para otro era el credo, porque de pie y con fuerza prclamaba su fe.

Para otro era la proclamación del evangelio, porque es su manual de instrucciones.

Para otro las palabras de la consagración.

Para otro el "podéis ir en paz". Para ninguno era importante el sermón del cura.

Una persona dijo: Para mí lo más importante es el prólogo. Explíquese, ¿qué es el prólogo?

"LLegar al templo, sentarme, descansar y empezar a abrir el corazón para que Dios lo llene y yo le pueda celebrar".

Me gusta ese prólogo, le dije. Desgraciadamente nos lo perdemos muchos domingos.

Un día un sábado, en la vida de Jesús.

¿Cómo es o cómo debería ser nuestro domingo?
 

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