HOMILÍA DOMINICAL - CICLO C

  Tercer DOMINGO

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio ...

   

 

 Escritura:

Nehemías 8,2- 6.8-10; 1 Corintios 12,12-30;
Lucas 1, 1-4,14-21

EVANGELIO

Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor". Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír".

 

HOMILÍA 1

Érase una vez un seguidor de San Francisco de Asís que le pedía: "Francisco, enséñame a predicar". Y San Francisco le llevaba a visitar a los enfermos, a ayudar a los niños, y a dar comida a los pobres. Juntos recorrían las calles de Asís haciendo el bien a todos. El discípulo le preguntaba , ¿pero cuándo me vas a enseñar a predicar? Francisco le contestaba: "hermano, ya estamos predicando".

Predicando con el ejemplo, con la vida. Nuestra manera de vivir es nuestra predicación. No hace falta tener un micrófono o subir al púlpito para predicar. Todos somos predicadores. Nuestra presencia en la iglesia predica nuestra fe, nuestro amor a Jesús y nuestro deseo de vivir como él vivió.

Cuando usted viene a reunirse con los hermanos en la iglesia, está predicando.

Cuando usted se queda en la cama el domingo, está predicando.

Cuando dice: qué frío hace hoy. Me quedo en casa. Está predicando.

Cada vez que voy al dentista me hace siempre la misma pregunta: "¿Con anestesia o sin anestesia?" A veces, le contesto: hoy, sin anestesia.

La predicación en la iglesia debiera ser siempre sin anestesia.

Sin anestesia se siente más la aguja y el torno, pero no estás ocho horas con las mandíbulas dormidas.

Es más hermoso y práctico un sermón que vemos que un sermón que oímos.

Es más eficaz un sermón que camina que un sermón que se grita. ¿Por qué?

Porque el ojo es mejor alumno que el oído y el ejemplo es más claro que el consejo.

Ambos son necesarios: el sermón que camina y el sermón que se grita, el sermón que nos entra por los ojos y el que nos entra por los oídos.

Y esta es la historia de Jesús de Nazaret.

San Lucas, 4, 14-21, nos dice que Jesús volvió a su pueblo, Nazaret, lleno del Espíritu, enseñaba en la sinagoga y aquel día abrió el libro e hizo la lectura del profeta Isaías.

Todos tenían los ojos fijos en él.

Terminada la lectura dijo: "Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar".

Jesús no vino a leer la Biblia. Vino a cumplirla.

Jesús no vino a predicar cosas lindas. Vino a hacer cosas lindas.

Jesús no vino a enseñarnos el camino del cielo. Vino a hacer con nosotros el camino hacia el cielo.

Jesús no vino a predicar el infierno. Vino a abrir las puertas del cielo a todos.

Jesús vino a "proclamar el año de la gracia del Señor".

Amnistía para todos. Libertad para los cautivos. Buenas noticias para los pobres.

Jesús es fantástico pero no porque fuera el mejor predicador, los había más sabios, es fantástico porque su palabra se cumplía, y se cumple, porque vivía lo que decía. Es fantástico por sus obras.

Los charlatanes, los políticos, los predicadores, todos nosotros, hacemos promesas y profecías, contamos visiones, ofrecemos la luna, estamos llenos de buenos deseos y qué pobres son nuestras obras.

Nosotros hacemos juramentos de amor eterno y no duran porque confundimos el amor con el placer.

Jesús vino a amarnos a todos y su amor dura porque se cumplió y consumó en la cruz.

Jesús comenzó su ministerio diciendo el primer día "hoy se cumple esta escritura" y pudo decir el último día: "Todo está cumplido".

Tal vez le quedaban muchas cosas por predicar y muchos cuentos que contar, pero todo estaba hecho y "todo lo hizo bien".

De ninguno de nosotros se podrá decir semejante cosa.

El reto es no predicar más y mejor sino obrar más y mejor.

"Ejemplo les he dado, hagan ustedes lo mismo".

 

 

HOMILÍA 2

Hay adicciones que matan. ¿Quién no conoce un adicto al alcohol, a las drogas, al sexo, al juego, a la pornografía…? Las adicciones no nos dejan crecer ni pensar bien. Para todas estas enfermedades hay terapias y sesiones de rehabilitación.

Aunque la iglesia no es una clínica, ni un grupo de alcohólicos anónimos ni un gimnasio para hacer body building, sí que es un lugar de rehabilitación.

La Palabra de Dios tiene poder para rehabilitarnos de todas nuestras adicciones.

Sí que es un gimnasio para fortalecer nuestro espíritu y nuestra alma.

La iglesia es el gimnasio del alma y del espíritu.

Todos somos llamados a ser rehabilitados de nuestra mediocridad espiritual por el poder de la palabra de Dios.

Y todos somos llamados a la escucha atenta de la Palabra.

Dice Nehemías en la primera lectura: "Y todo el pueblo escuchaba atentamente la Palabra de la ley y todo el pueblo respondió Amén".

La escucha es un acto de disciplina que exige dejar otros pensamientos y exige concentración.

La escucha es un acto de amor.

El crecimiento y el cambio, en la vida cristiana, empieza cuando se escucha con atención la palabra de Dios.

La escucha de la Palabra de Dios produce la rehabilitación de nuestro vivir.

Reacción del pueblo: situarse frente a Dios.

Respuesta del pueblo: Amén

Vivir la Palabra como relación, no como imposición.

Lucas, que no ha visto a Jesús, cristiano de la segunda generación, es un eslabón en la cadena de la transmisión de la Buena Noticia. ¿Y yo?

Lucas nos invita, hoy, a escuchar el discurso inaugural de Jesús.

El ungido de Dios es el Mesías de los pobres y para los pobres.

El libro que leyó Jesús está ahí a mi alcance. Yo también lo puedo coger y leer.

Yo, bautizado y ungido con el santo crisma, también estoy impregnado del Espíritu Santo. No tengo que usar el extintor para apagarlo sino dejarle que me guíe, enseñe y fortalezca para ser testigo del Ungido de Dios.

Yo, hijo de Dios, también poseo el secreto de la Buena Noticia y como Jesús estoy llamado a evangelizar con la predicación de la vida y de la palabra a todos.

Jesús no abrió todas las cárceles ni curó todas las enfermedades, pero sí ofrece la liberación del peso de la culpa y el veredicto de inocencia a todos los que se dejan tocar por él.

"Hoy se cumple esta Escritura".

"Hoy ha nacido el salvador".

"Hoy estarás conmigo en el paraíso".

HOY. El cristiano vive siempre en el hoy de Dios siempre presente, siempre buscándonos, siempre amnistiándonos.

 

HOMILÍA 3

 

MI PRIMER SERMÓN
Cuentan que un P. Franciscano fue designado como guía de Madre Teresa de Calcuta durante su visita a Australia. Entusiasmado e ilusionado por la oportunidad de estar cerca de esta gran mujer, soñaba con aprender mucho en su compañía. Durante la visita la Madre Teresa estaba tan solicitada por todos que no tuvo tiempo para conversar.


Cuando terminó la visita se dirigía a Nueva Guinea y el P. Franciscano le preguntó : ¿Si me pago el billete puedo acompañarla y sentarme a su lado y aprender sus enseñanzas?
Madre Teresa le contestó: Si tienes dinero para el viaje, da el dinero a los pobres y aprenderás más de lo que yo te pueda enseñar. 


Madre Teresa comprendió el ministerio de Jesús, lo hizo suyo y lo puso en práctica.

 

Sobran los predicadores, faltan los hacedores de la Escritura.


El domingo pasado Juan alegraba nuestra asamblea con la narración del primer signo de Jesús. Caná será para nosotros el lugar donde Jesús ofreció el vino Gran Reserva de la bodega de Dios, el vino de la alegría, de la fiesta y del amor, la nueva religión.


Hoy, el evangelio de Lucas nos narra otro primero, el primer sermón de Jesús. Todos nosotros recordamos nuestra Primera comunión, el primer beso, el primer castigo, el primer triunfo, el primer fracaso…pequeños o grandes acontecimientos que marcaron nuestra vida. Yo, sí, recuerdo mi primer sermón en Noviercas y el segundo en Salamanca.


Hoy, no venimos a recordar nuestros primeros eventos sino el primer sermón de Jesús.


En Nazaret, su pueblo, entre sus familiares, amigos y conocidos, en la sinagoga, un sábado cualquiera, Jesús, un muchacho más del barrio, abrió el Libro, Isaías 61, leyó la Escritura y se autodefinió como el Siervo de Isaías.


El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el Año de Gracia del Señor”.


En Nazaret, Jesús comenzó su campaña de agitador itinerante. Allí inauguró su carrera social, religiosa y política.


Jesús no se presentó como un nuevo y poderoso Rey David ni como el sabio Salomón que fueron ungidos por los hombres, sino como el Siervo ungido por el Espíritu de Dios.


Estoy aquí para llevar a cabo el sueño de Dios, el programa de Dios.


Estoy aquí para proclamar el Año de Gracia del Señor, la amnistía de Dios, el perdón de todas las deudas.


El año 50, Año Jubilar, según el Libro del Levítico:
Todas las deudas tienen que ser perdonadas.
Todos los esclavos tienen que recuperar la libertad.
Todos los préstamos tienen que ser olvidados.
La tierra tiene que descansar. 
“No habrá pobres entre vosotros”.


Proclamar el Año Jubilar más que una provocación era el inicio de una revolución, era el plan económico de Jesús. Era Buena Noticia para los pobres y los marginados de la tierra.

 

Programa que rebasa las fronteras del país, porque incluye a todos los países, a todos los hombres de la tierra. 


El sermón empezó entre la admiración y los aplausos, pero se convirtió en un gran drama, abucheos, ganas de lincharlo y olor a sangre.


Lo que escandaliza a todos los grupos de elegidos, a los piadosos, que se congregan en las sinagogas del mundo o en las iglesias cristianas, es que todos, incluidos los outsiders, tengan derecho a disfrutar del año de Gracia del Señor, que la salvación alcance a todos. El Todos de Jesús asusta siempre a los más piadosos.

Vistas las cosas con gafas humanas, nosotros, los buenos y cumplidores nos merecemos más, somos más dignos que los impíos, somos más fieles a la letra de la ley que al espíritu de Jesús, somos más obedientes a los hombres que a Dios. Somos unos perfectos fariseos.


Vistas las cosas con las gafas de Dios, Dios es más de los hacedores de la Escritura que de los predicadores.”Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Jesús comienza a cumplir la Escritura desde el primer día, con el primer sermón. No hay que esperar cien días para evaluar su agenda.


El poeta Howard Thurman escribió un bello poema titulado “El trabajo de Navidad” que recoge el sentido del texto del profeta Isaías y del ministerio de Jesús.


Cuando la canción de los ángeles se hace silencio,
Cuando la estrella en el cielo ha desaparecido,
Cuando los reyes y los príncipes están en casa,
Cuando los pastores están de nuevo con sus rebaños,
El trabajo de la Navidad comienza:
Encontrar a los perdidos, 
Curar a los quebrantados,
Alimentar a los hambrientos,
Liberar a los oprimidos,
Poner paz entre los hermanos, 
Hacer música en el corazón.


¿Podemos nosotros, hoy, poner en práctica, no toda la Escritura, sí algún punto de la Escritura?


¿Cómo cristianos, creemos que nuestro trabajo es ser portadores de la Buena Noticia del Año de Gracia del Señor?


Hoy, alguien te va a criticar y maldecir, perdónalo.
Hoy, alguien te va a ignorar, bendícelo.
Hoy, alguien te va a insultar, ora por él.
Hoy, alguien te va a pedir limosna, auxílialo.


Cuando te acuestes, ojalá puedas decir, hoy, ungido y guiado por el Espíritu de Jesús, he cumplido una palabra de la Escritura.